El riesgo de que la crisis desate vientos de relocalización en la industria europea

La recesión no solo obligará a modificar los planes de las empresas, sino que pondrá a prueba la cohesión del mercado interior y la firmeza de sus cimientos.

La pandemia del Covid-19 y la profunda crisis desatada por las medidas adoptadas para controlarla están golpeando a la mayor parte de los sectores productivos, aunque no a todos con igual intensidad. La industria del motor forma parte de las áreas que están acusando con especial virulencia los efectos del enclaustramiento y de la paralización de la actividad. Las previsiones a corto plazo para el sector son complejas e incluyen riesgos potenciales que van más allá del hundimiento coyuntural del consumo y de la producción y que pueden transformar el mercado. En ese horizonte se encuadran las informaciones aparecidas hace unos días en la prensa nipona sobre la presunta intención de Nissan de cerrar su factoría de la Zona Franca de Barcelona y trasladar la producción a las fábricas de Renault en Francia, un escenario que, de confirmarse, abriría un nuevo frente en esta crisis: el de la deslocalización industrial.

Pese a que Nissan ha calificado de “conjeturas” el posible cierre y ha anunciado que no desvelará su plan estratégico hasta el próximo 28 de mayo, con la presentación de sus resultados, y desde el Gobierno se sostiene que no existe información oficial al respecto, hay indicios que apuntan a que el riesgo de la relocalización industrial comienza a planear sobre la política europea. Aunque el cierre y traslado de fábricas es una decisión compleja, Francia ya ha anunciado un paquete de ayudas al sector del motor condicionado a la vuelta al país de la producción deslocalizada. La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, reclamaba el viernes que se siga “protegiendo” el buen funcionamiento del mercado interior y recordaba que este prohíbe la “discriminación” entre los productores situados en cualquiera de los Estados miembros.

La crisis de magnitudes históricas que afrontan las economías europeas obligará a modificar los planes estratégicos de muchas empresas, pero también pondrá a prueba la cohesión del mercado interior y la firmeza de sus cimientos. La industria del motor constituye un sector estratégico para España, con casi 60.000 empleos relacionados con las plantas de producción de vehículos. Ello hace urgente abordar cuanto antes la crisis que amenaza al sector y hacerlo desde dos frentes que son complementarios, pero igualmente importantes. Por un lado, con el apoyo a la industria a través de un paquete de medidas específicas consensuadas y adaptadas a sus necesidades, y por otro, con la defensa ante Bruselas de una política uniforme de apoyo a la industria europea que respete las reglas del mercado interior e impida una guerra interna de ayudas públicas que pueda agrietar y desmantelar la unidad de mercado en Europa.