Un Primero de Mayo negro para reflexionar sobre el futuro del empleo

Los efectos del confinamiento sobre la economía son devastadores, pero esta ha permitido experimentar la futura transformación de las relaciones laborales

La fiesta del trabajo del Primero de Mayo se celebra este año en medio de un agitado y oscuro escenario económico y en unas circunstancias de confinamiento masivo que excluyen los tradicionales actos de reivindicación pública de los derechos de los trabajadores. La pandemia del Covid-19, que suma un trágico registro en pérdida de vidas humanas, se ha abatido sobre la economía como una mancha de aceite. Las medidas de contención frente a la epidemia han paralizado de forma radical la actividad y provocado el peor trimestre económico de España desde la Guerra Civil, pese a que el confinamiento solo ha afectado al tramo final del periodo. El hundimiento del PIB un 5,2% entre diciembre y marzo aboca a España a una gravísima recesión que técnicamente se hará efectiva en junio y que augura una caída en el año de dos dígitos. La situación en el resto de Europa es también inédita por su dureza, con una previsión de caída del PIB de la zona euro de entre el 5% y el 12% en 2020.

Los efectos del confinamiento sobre el empleo han sido devastadores. Los datos que maneja el INE apuntan a la pérdida de 357.000 puestos de trabajo solo a jornada completa en el primer trimestre. Otros cálculos cifran en unos cinco millones el número de trabajadores que o bien han perdido su empleo o lo tienen en suspenso por un ERTE, lo que sitúa de nuevo el paro a la cabeza de los problemas económicos de España y lo dota de unas dimensiones inimaginables hace apenas un mes y medio. A ello hay que sumar la transformación, no exenta de problemas, de las relaciones laborales que ha provocado la epidemia, fundamentalmente con la extensión del teletrabajo. Un nuevo entorno que se mantendrá pese a la progresiva vuelta al trabajo presencial por la necesidad de adoptar medidas de distanciamiento social y de prevención sanitaria. Algunos de los cambios de esta nueva normalidad serán coyunturales, a la espera de una vacuna o un tratamiento contra el Covid-19, pero otros probablemente se consolidarán, como el recurso al trabajo en remoto, una opción que tiene sus dificultades y que no es una panacea, pero que ha permitido mantener la actividad a muchas empresas durante el confinamiento.

El Covid-19 ha irrumpido en un momento en el que la creciente digitalización de la economía, el desarrollo de la robótica y la denominada tercera revolución industrial han abierto la puerta a un nuevo modelo de relaciones laborales. De las lecciones que se pueden extraer de esta primera parte de la crisis destaca ya la necesidad inaplazable de que España se prepare económica, educativa y regulatoriamente para un futuro en el que el empleo se transformará de forma sustancial y obligará a que el trabajador se transforme también.