Un pacto histórico sobre el petróleo y una oportunidad de vislumbrar el futuro

El derrumbe de la demanda mundial de crudo puede servir a las grandes petroleras de ensayo forzado respecto a un futuro marcado por la descarbonización

El pacto ratificado el pasado domingo por los principales productores de petróleo del mundo para recortar la producción y poner coto a la caída libre del precio del crudo supone un ejercicio histórico de flexibilidad y contundente pragmatismo, aunque todavía está por ver que sea suficiente para estabilizar el mercado. El drástico hundimiento de la demanda que ha provocado la pandemia del Covid-19 ha forzado el fin de la guerra de precios y auspiciado un acuerdo que hace solo unos meses habría parecido muy difícil de cerrar. El histórico pacto firmado por Rusia, Arabia Saudí y Estados Unidos junto con el resto de los productores de crudo tiene como objetivo reducir la producción en hasta 20 millones de barriles al día, un montante que equivale aproximadamente al 20% de la demanda mundial durante el año pasado y que coincide con la previsión de caída de consumo realizada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para el primer trimestre del año.

Pese a la magnitud del objetivo, el mercado reaccionó ayer con cierta tibieza al acuerdo, con una subida de apenas un 1,75% en el precio del barril, fruto de la desconfianza respecto al cumplimiento efectivo de recortes de esa relevancia. Más aún cuando en el seno de la OPEP la reducción acordada no supera los 11 millones de barriles diarios, cantidad que se irá reduciendo escalonadamente hasta final de año, mientras el resto de los recortes se fían a acuerdos fuera de la organización y a recortes voluntarios cuyo cumplimiento no podrá ser fiscalizado de forma oficial.

Más allá de que se alcancen finalmente los 20 millones de barriles diarios, la firma de un acuerdo de esa magnitud constituye una respuesta adecuada al desafío de una crisis cuyas dimensiones, sin duda gravísimas, todavía es pronto para cifrar. Frente a una caída de la demanda tan intensa como la que está viviendo el mercado, el gran riesgo de un desplome aún más severo y sostenido en el tiempo del precio del petróleo pasa no solo por desestabilizar el mercado, sino también por perjudicar seriamente inversiones ya comprometidas en otros sectores.

El escenario de derrumbe de la demanda mundial de crudo, fruto de esta dramática crisis sanitaria, puede servir a las grandes petroleras de ensayo forzado respecto al futuro del sector en un horizonte marcado por la descarbonización y de ocasión para reflexionar sobre la creciente necesidad de diversificar el negocio. No en vano, la caída de la demanda provocada por el Covid-19 es coyuntural, pero las economías mundiales avanzan hacia un escenario de reducción estructural y obligada de la producción de petróleo en favor de energías más limpias y sostenibles.