Las empresas empiezan a valorar su impacto sobre el capital natural

Se trata de incluir la información ambiental en la toma de decisiones

El Parque Nacional de Monfragüe visto desde rn el castillo.
El Parque Nacional de Monfragüe visto desde el castillo.

¿Quién le iba a decir a Félix Rodríguez de la Fuente que las empresas mirarían por el medioambiente? Aquello que pronosticó el naturalista de que “la Tierra es un sistema vivo, complejo y autorregulado” cala ya en las grandes compañías españolas.

Stephan Schmidheiny, emprendedor suizo y filántropo, convencido de que las empresas juegan un papel crucial en el camino hacia un desarrollo sostenible, lideró la creación, durante la cumbre de Río de 1992, de WBCSD (World Business Council for Sustainable Development). Hoy forman parte de ella unas 200 empresas, entre otras, las españolas Iberdrola, Acciona, Santander y ArcelorMittal.

Estas compañías, junto a Repsol, Bankinter, Red Eléctrica, Ferrovial o Naturgy, empiezan a valorar el impacto de su actividad en el entorno, el capital natural. En el término se incluyen geología, suelos, aire, agua, flora y fauna. Es del capital natural de donde los humanos obtenemos los servicios ecosistémicos que hacen la vida posible.

Repsol, Ferrovial, Iberdrola y Naturgy practican esta metodología

“La idea de gestionar eficientemente el capital natural está basada en calcular el valor de un elemento de la naturaleza por todos los servicios que ofrece y, a partir de ahí, tomar decisiones responsables o incluso compensar económicamente el impacto que causa una actividad sobre ese ecosistema o el esfuerzo que requiere mantenerlo”, comenta Fernando Rodríguez, profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Salamanca (USAL).

“Se trata de incluir la información ambiental en la toma de decisiones”, comentan en Ferrovial. Seleccionar aquellas alternativas de localización y proyectos menos dañinos con el entorno, añaden. Y desarrollar medidas de compensación de impacto si es necesario.

Anne Burrill: “La biodiversidad no es un lujo, su pérdida erosiona la economía”

Desde 2007, Iberdrola lucha contra la pérdida de biodiversidad, de manera que sus actividades tengan un impacto neto positivo en el medioambiente. En 2019, junto con siete energéticas, creó el primer grupo de trabajo sectorial. El objetivo: armonizar y estandarizar un enfoque común y una guía. Trabaja para la aplicación del Protocolo de Capital Natural en Energía. Y colabora con la Universidad de Salamanca en el proyecto ESValues para mejorar el conocimiento sobre los servicios ecosistémicos y su cuantificación mediante la mayor base de datos de estimaciones económicas a nivel mundial.

En la misma línea trabaja Repsol para lograr una mayor integración del componente ambiental. Desarrolla una metodología propia de valoración y monetización en relación a los diferentes proyectos de la compañía, lo que permite determinar medidas de protección ambiental y de biodiversidad más eficientes y hacer un seguimiento de los compromisos adquiridos con las comunidades locales para la conservación de ecosistemas.

La UE trabaja para mapear los servicios ecosistémicos europeos

Los expertos apuestan por evitar los impactos más que compensarlos, pero para compensarlos existen herramientas como los bancos de hábitats. Ferrovial ha utilizado esta fórmula en obras en EE UU.

Bankinter fue el banco español elegido para el proyecto piloto de la guía del natural capital para el sector financiero, que orienta a las entidades en la identificación, medición y valoración de los riesgos y oportunidades asociados al impacto de su actividad en la biodiversidad. “La pérdida de la naturaleza no solo tendrá un gran impacto en la vida, sino que será catastrófica para nuestra futura prosperidad. Las personas ya están sintiendo el impacto del aumento de las sequías, las inundaciones extremas y la erosión costera. Sin embargo, para la próxima generación, las cosas serán mucho peores”, predice Marco Lambertini, director de la organización WWF.

“La biodiversidad no es un lujo, su pérdida erosiona las bases de nuestra economía”, afirma Anne Burrill, asesora de capital natural de la Dirección General de Medioambiente de la Comisión Europea. “Siempre se ha subestimado el valor de la naturaleza, pero la UE está trabajando para mapear y clasificar los servicios ecosistémicos”, dice. Aunque reconoce que “es muy difícil poner cifras”, sostiene que “el capital natural debe entrar en las decisiones de empresas e instituciones, de manera que sea la forma más normal de actuar”.

Por ejemplo...

En Murcia-Almería.
Ferrovial ha implantado esta metodología en el Corredor Mediterráneo de alta velocidad, en los municipios de Pulpí y Vera, que discurre por matorral, secano y zonas de recarga de acuíferos.

En Zamora. Iberdrola realiza la valoración de servicios ecosistémicos de las centrales hidráulicas del sistema Tera y ejecuta el proyecto REIS para los generados en la construcción de infraestructuras.

En Reino Unido. El proyecto Cumbernauld Living Landscape, en colaboración con Scottish Wildlife Trust (SWT) y Aecom, que aplica la evaluación de capital natural en las infraestructuras del negocio de redes de ScottishPower.

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