El alivio sigiloso del BCE alista a los bancos en la lucha contra el virus

El temor a las pérdidas en sus carteras de deuda les hará menos capaces o proclives a seguir su enfoque

Christine Lagarde, presidenta del BCE.
Christine Lagarde, presidenta del BCE. Getty Images

Christine Lagarde espera que el sector bancario sea su nuevo mejor amigo. Menos de cuatro meses después de asumir el cargo, la jefa del Banco Central Europeo ha adoptado un enfoque sigiloso en cuanto a la flexibilización monetaria que depende de los prestamistas para ayudar a combatir los daños que el coronavirus amenaza con causar a la economía de la zona euro.

Lagarde dejó ayer los tipos de interés de depósito del BCE sin cambios, en el -0,5%. Esto sorprendió a muchos inversores que esperaban que anunciara al menos una reducción simbólica, incluso aunque no pudiera igualar los recortes de emergencia de medio punto porcentual anunciados por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra.

Sin embargo, mientras los mercados se desplomaban a ambos lados del Atlántico, elaboró un plan más astuto para ayudar a la zona euro, cuyas frágiles perspectivas de crecimiento se han visto afectadas por un virus que ha bloqueado Italia, cancelado viajes y cerrado escuelas en otros lugares.

En lugar de reducir aún más el tipo de depósito dentro de territorio negativo -lo que exprimiría las ganancias bancarias-, Lagarde está tentando a los prestamistas con dinero mejor que gratis. Podrán utilizar un servicio de préstamos a largo plazo a tipos tan bajos como el -0,75%. Eso está por debajo de la tasa para los depósitos aparcados en el banco central. El BCE, simultáneamente, aumentó el máximo que los bancos podrán pedir prestado de esta manera hasta la mitad de los préstamos aptos de sus balances.

El brazo de supervisión bancaria del BCE también contribuyó, dando a los prestamistas un permiso temporal para utilizar los colchones de capital y efectivo. Estas medidas dan a los bancos pocas excusas para no prestar, siempre que los hogares y las empresas quieran pedir prestado, y reducen el riesgo de que una desaceleración brusca pero temporal se convierta en una crisis crediticia.

Lagarde también se dio a sí misma más libertad de acción -120.000 millones de euros- para aumentar la compra de bonos del BCE. Sin embargo, es posible que le persiga una frase de su conferencia de prensa: dijo que el BCE no estaba allí para cerrar la brecha entre los rendimientos de los bonos soberanos más seguros de la zona euro y los emitidos por otros países.

Los rendimientos de la deuda pública italiana y de otros países del sur de Europa han ido aumentando incluso cuando los de los bonos alemanes de referencia iban disminuyendo, lo que refleja la preocupación de que el coronavirus vuelva a abrir grietas en la economía de la zona euro.

Después de las palabras de Lagarde, los Gobiernos se movieron en direcciones opuestas, con los rendimientos de los bonos del Estado italiano a 10 años en camino de lograr su mayor aumento en un día desde el punto álgido de la crisis de la zona euro en 2011.

El temor a las pérdidas en sus carteras de bonos del Estado hará que los bancos sean menos capaces -o se sientan inclinados- de hacer lo que quiere Lagarde. Los mejores amigos no se hacen de la noche a la mañana.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías