Las mineras de oro deben dominar su instinto de crecer gracias al virus

Los inversores aciertan al apostar por el sector como refugio, pero los CEO tienen que usar bien el dinero

Lingote de oro de 1 kilo en Entebbe (Uganda).
Lingote de oro de 1 kilo en Entebbe (Uganda).

Los instintos animales (animal spirits) de los consejeros delegados podrían empañar el atractivo como refugio de las mineras de oro. La concentración del virus de Wuhan en el norte de Italia ha desencadenado un crecimiento del precio del metal precioso y las empresas que lo producen. Mantener sus actividades libres del virus será el primer desafío. El siguiente será resistir el impulso de salpicar minas insignificantes con las inesperadas ganancias o usarlas para realizar fusiones en lo alto del ciclo.

El brote italiano y las inquietantes declaraciones sobre “puntos de inflexión” de la pandemia hicieron el lunes que los inversores corrieran en busca de seguridad el lunes. Los lingotes de oro subieron más de un 2% hasta 1.689 dólares por onza, su nivel más alto desde 2013.

Los productores de oro siguieron el ejemplo. La empresa Harmony Gold Mining, que cotiza en la Bolsa de Johannesburgo, lideró las subidas de los valores del oro sudafricanos con un aumento intradía del 17%.

La fe de los inversores está en el lugar adecuado. Dado que el coste de la extracción de oro de la tierra ya es fijo, cualquier subida en el lingote de oro alimenta directamente el beneficio de los productores.

La semana pasada, AngloGold Ashanti, con sede en Sudáfrica, informó de un aumento del 72% en las ganancias de 2019, ayudado principalmente por una subida del 10% en el precio del oro el año pasado. En lo que va del año, los lingotes de oro se venden por casi un 13% más en promedio que en 2019.

Para hacer caja, los jefes deben primero mantener su actividad en marcha. Una pandemia global podría obligar a algunos a cerrar minas por miedo a la propagación de la enfermedad. Eso probablemente favorece a productores de países ricos como Newmont, que excava principalmente en América del Norte.

Por la misma lógica, los productores con gran exposición a África, donde los sistemas de salud pública son débiles, deberían tener un descuento. Eso es doblemente cierto para aquellos con una alta presencia en un solo país, como Harmony o Sibanye Stillwater en Sudáfrica.

Los CEO deben decidir entonces qué hacer con el dinero. La tentación sería aumentar la producción excavando más profundamente en las minas existentes o reabriendo las más antiguas y menos rentables.

Pero tales operaciones podrían valer menos de lo que cuestan cuando empiecen a producir, a menos que la crisis dure. Una alternativa más fácil sería cazar un rival. Sin embargo, dadas las bien pulidas valoraciones del sector –Barrick Gold cotiza a 30 veces las ganancias de este año, su máximo de los últimos seis meses– los adquirentes podrían terminar pagando de más.

El historial de las mineras no es bueno. McKinsey considera que las grandes empresas del sector acumularon 130.000 millones de dólares en depreciaciones por una serie de fusiones y adquisiciones posteriores a 2011. La propia Barrick prodigó una prima del 30% por Equinox Minerals –que costó 7.700 millones– sin pensar en el ahorro de costes.

Pagar la deuda o devolver el dinero a los accionistas puede no ser emocionante, pero es más sabio que tirarlo por un agujero.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías