La división entre los bloques de receptores y contribuyentes complica el acuerdo

España corre el riesgo de perder su saldo favorable tras el Brexit

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Las negociaciones para sacar adelante el marco presupuestario de la Unión Europea (UE) con vistas a 2021-2027 están encalladas desde el viernes, cuando los países miembros se levantaron de la mesa sin viso de acuerdo. Es la primera cumbre que negocia las partidas de la UE en la que no está presente Reino Unido, que tras el Brexit ha dejado a la Unión sin uno de sus principales contribuyentes, con una aportación media anual de 12.000 millones de euros. Ahora, el grupo de los 27 tiene que decidir si asume un agujero que ronda los 65.000 millones para seis años o si rellena el hueco que han dejado los británicos. Este ha sido, de hecho, el choque fundamental que ha enfrentado a los dos bloques tradicionales: por un lado, los países del norte, liderados por el grupo de los Frugales, y los que más dinero ponen. Por otro, el sur y el este, capitaneados por los Amigos de la Cohesión, los que suelen beneficiarse en mayor medida de las partidas de la UE. El traspaso económico de un grupo a otro asciende a 39.500 millones de euros.

Lo cierto es que al analizar los datos que ofrece la Comisión Europea se observa un mapa claramente dividido entre norte y sur, con algunas excepciones como Italia. De los 27, atendiendo a los datos de 2018 –los últimos disponibles y sin tener en cuenta a Reino Unido–, solo 10 países son contribuyentes netos, es decir, aquellos que cierran el año con un saldo financiero en contra. Alemania, según las cifras de 2018, es el Estado miembro que más dinero pierde, con 13.405 millones en negativo, siempre según los datos del citado ejercicio. Le sigue Francia, con un saldo presupuestario negativo de algo más de 6.000 millones. A continuación está Italia, con pérdidas de 5.000 millones. Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia, los cuatro miembros del grupo de los Frugales, también están en la lista.

La otra cara del mapa que dibujan los presupuestos se encuentra en el este y en el sur. Polonia, con un saldo positivo de 12.300 millones, es el miembro que más se beneficia de las partidas, muy por encima de Hungría (5.200 millones) o Grecia (3.300 millones). Bulgaria, República Checa, Portugal o Eslovenia, varias cabezas visibles del grupo de los Amigos de la Cohesión, también cierran cada año con saldo positivo. España, que tradicionalmente ha sido un receptor neto –salvo en ejercicios concretos como 2017– aportó en 2018 unos 7.535 millones e ingresó 9.391, lo que arroja un saldo positivo de 1.856 millones.

Por todo ello, la salida de Reino Unido de la UE ha traído consigo la polémica. Así, mientras que los receptores de las partidas proponen aportar más dinero para compensar la salida británica, los contribuyentes netos, conscientes de que eso supondría aumentar su esfuerzo económico, se niegan a rellenar un agujero que a su vez tendría fuertes consecuencias en partidas tan importantes como los fondos de cohesión comunitarios o la Política Agrícola Común (PAC).

Cambio para España

Para compensar el desajuste provocado por Reino Unido todos los países miembros deberían aportar su grano de arena. Sin embargo, mientras que para el este y el sur el esfuerzo extra sería ínfimo –teniendo en cuenta además que no dejarían de ser receptores–, para los países que tradicionalmente son contribuyentes el sacrificio sería mayor, ya que verían aumentar su presupuesto operativo negativo.

España, por su parte, se encuentra en una situación única. Tras la ruptura entre Reino Unido y la UE, el país se ha convertido en la cuarta potencia económica de la Unión, por detrás de Alemania, Francia e Italia. Según cálculos de la Comisión Europea, este nuevo estatus implicaría un aumento de casi 650 millones en la aportación anual de España, es decir, unos 4.000 millones en el periodo de los seis años agendado para el presupuesto, por lo que el país podría llegar a convertirse en contribuyente neto por primera vez desde su ingreso en la Unión, en 1986. Esta realidad ha sido, de hecho, uno de los principales frentes a resolver por parte de la delegación española, liderada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien aseguró la semana pasada que España no se encontraría entre los países perdedores del nuevo marco presupuestario.

Más retorno que gasto

Consciente de las rencillas que provoca la negociación de las partidas entre los estados miembros, el equipo dirigido por el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha publicado un documento que bebe de los datos del Ejecutivo comunitario y que muestra que los países que más contribuyen son también los que más se benefician del mercado único. Así, por ejemplo, en Luxemburgo, por cada 900 euros de contribución, cada ciudadano recibe, en términos absolutos, más de 12.500 euros al año. Los países del grupo de los Frugales, curiosamente, también se enmarcan en las posiciones más aventajadas. España, por su parte, queda relegada a la novena posición por la parte de abajo de la tabla, con un beneficio de algo más de 1.500 euros anuales por persona. Grecia, Bulgaria y Rumanía son los países peor posicionados.

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