Un dividendo generoso, el mejor motor de la inversión en banca

El paisaje que tiene ante sí el negocio bancario sigue siendo ciertamente nebuloso

La banca española ha ganado cerca de 14.000 millones de euros el año pasado, tras registrar recortes en las grandes entidades para atender provisiones por el deterioro de sus activos de determinadas zonas del mundo, o para financiar los intensos recortes de efectivos humanos. Pero además de provisionar ingentes cantidades de recursos, ha acelerado las ratios de solvencia en un ejercicio de aportaciones de capital muy notable, aunque las autoridades reguladoras europeas siguen advirtiendo de pequeños déficits en tal materia en comparación con los iguales comunitarios.

Tras obtener los citados resultados menguantes, las previsiones para 2020 no son mejores, porque el paisaje que tiene ante sí el negocio bancario sigue siendo ciertamente nebuloso. Los tipos de interés nominales tan bajos y durante una temporada tan larga como la que se augura por la falta de inflación y la debilidad de la actividad económica en Europa no ofrecen garantía alguna sobre una mejora sustancial de los márgenes de intermediación. Todo ello obliga a los gestores a buscar recursos en las comisiones, con el consiguiente deterioro de la relación con una clientela recelosa ya con las prácticas bancarias por los episodios de mala gestión durante los años de vacas gordas, pero que han aflorado con las vacas flacas de los últimos años.

Esta relación cada vez más crítica con la clientela, junto con la aparición de competidores hasta ahora desconocidos, como las pequeñas fintech o la entrada, testimonial aún, en el mercado financiero de las big tech, y la obligación de una transformación digital del negocio a marchas forzadas, estrecha la capacidad de maniobra de las entidades, cercenada también por la necesidad de ajustar su todavía excesiva capacidad instalada.

En todo caso, todas estas circunstancias ya están incluidas en la pobre cotización de los bancos, que mantienen descuentos desconocidos sobre los valores contables recogidos en los libros. Y pese a ello, todas las cotizadas mantienen generosos niveles de pagos a sus socios, incluso con promesas de mantenerlos en el futuro pese a la dificultad manifiesta de mantener los actuales volúmenes de números negros. La gran banca en España se mueve ahora con unas rentabilidades por dividendo entre el 5% (BBVA o CaixaBank) y el 7% (Bankia), unos retornos difíciles de encontrar en el resto del mercado, incluso en las compañías tradicionales de provisión de servicios energéticos o gestores de redes. Una ventaja añadida de los grandes bancos para mantener tales dividendos es su presencia global, que les posibilita estabilizar las cuentas con el negocio de países emergentes, pero seguros.