El nuevo jefe de WeWork tiene los pies en la tierra

Sandeep Mathrani, veterano profesional del sector, llega para poner orden en la ‘startup’

El nuevo jefe de WeWork tiene los pies en la tierra

A los inmuebles se les llama también bienes raíces, por estar pegados al suelo, que es lo único que perdura; todo lo contrario de las ideas presuntamente espirituales de Adam Neumann, el fundador de WeWork, una startup de alquiler de oficinas compartidas que se promociona como una nueva forma de negocio, pero que no deja de ser una inmobiliaria de toda la vida. Ahora, por su deterioro progresivo, la empresa deja la dirección a alguien experto en el sector, aunque con los pies en la tierra: Sandeep Mathrani (Bombay, India, 57 años).

El nuevo consejero delegado sabe lo que es sacar a una compañía de sus problemas. General Growth Properties (GGP), el segundo mayor propietario de centros comerciales de EE UU, con sede en Chicago, le nombró CEO en 2011 cuando estaba saliendo de la que era entonces la mayor bancarrota inmobiliaria en la historia del país. Seis años más tarde, Mathrani vendió el negocio a Brookfield Property Partners –filial de la gestora de activos canadiense–, en una operación valorada en unos 15.000 millones de dólares. El proyecto le ganó la reputación de ser un artista del cambio corporativo.

Mathrani tiene además alguna experiencia con startups. En Brookfield, donde se quedó dirigiendo la división minorista tras la operación de GGP, lideró una inversión en Industrious, rival de WeWork. “Aunque el sector inmobiliario está lleno de personajes muy secos y conservadores, Sandeep no es así”, comenta a Bloomberg Jamie Hodari, cofundador y director general de Industrious. “Si WeWork quería traer a alguien con serias habilidades en el mundo inmobiliario pero que estuviera un poco más cerca de su espíritu, parece encajar.”

“He tenido muchas oportunidades y mucha suerte”, dijo el año pasado Mathra­­­ni en el discurso de aceptación de un premio de la organización de derechos humanos Breakthrough. Nació en una familia rica de India, y su padre lo envió al prestigioso internado británico Eton. “No lo soportaba, así que volví a India, y mi padre me dijo que me buscara la vida”.

Luego haría un intercambio con un instituto de secundaria público de Phoenixville, a las afueras de Filadelfia (EE UU). Consiguió una beca para estudiar en el Instituto de Tecnología Stevens, en Hoboken (Nueva Jersey); mientras, trabajaba lavando platos o en la caja de una cafetería. Más tarde daría clases de matemáticas.

A los 20 años ya se había titulado en Ingeniería y en ADE. Volvió a India y trabajó un año con su padre, y, pese a la incomprensión de este, regresó a América para hacer otro máster; sería para quedarse. Ahora lo que le hace sentirse más feliz es su “fantástica” relación con su hijo. “Es mi vida”. Muy discreto con su vida personal, está casado con Ayesha Bulchandani-Mathrani, miembro del consejo del Museo Colección Frick de Nueva York.

Sus inicios en el sector

Mathrani se había comprado un Nissan Sentra por 3.500 dólares, pero la entrada de un apartamento en Washington DC, de 55.000 dólares, era inferior, así que optó por vender el coche, comprar el piso y hacerse con un Volkswagen Rabbit por 500 dólares. Dos años después, vendió la vivienda con una plusvalía de 20.000 billetes verdes. Para un joven ingeniero era mucho dinero, cuenta: “¡El inmobiliario es un buen negocio!”.

A partir de ahí buscó trabajo en el sector. Primero le contrataron como diseñador de centros comerciales. En 1994 fichó por Forest City Ratner, promotora propiedad de Bruce Ratner, expropietario de los Brooklyn Nets de baloncesto, y que sería uno de sus mentores. Mathrani desarrolló el negocio minorista de la firma y llegó a ser vicepresidente.

Tras ocho años, fichó por Vornado Realty Trust, el mayor propietario de inmuebles de la ciudad de Nueva York, donde dirigió la división minorista. De nuevo estaría ocho años en la empresa, hasta que llegó la llamada para salvar General Growth Properties.

Allí, Mathrani tuvo que superar las secuelas de la recesión, una industria minorista en declive y el fuerte crecimiento de Amazon. Se centró en las propiedades de alta gama y cortejó a marcas nativas de internet para que se incorporaran a sus centros comerciales, como Warby Parker, de gafas, y Tesla –es poco habitual que las automovilísticas apuesten por los malls, como se les llama en inglés–. Y se convirtió en uno de los ejecutivos mejor pagados del sector. En Brookfield, en 2018, ganó 927.692 dólares de salario base, más 5,4 millones en acciones y 7,8 millones en otras retribuciones, como el uso del avión corporativo.

El reto de WeWork

Con un aspecto más de profesor universitario que de gurú de las nuevas tecnologías, Mathrani tiene el reto de recuperar la confianza del mercado en WeWork, que ha vendido participaciones en negocios secundarios, como The Wing, startup de coworkings para mujeres. La idea ahora es centrarse en captar grandes empresas que deseen simplemente alquilar oficinas.

Neumann creó WeWork en 2010 para alquilar espacios de oficina a la moda a empresas y autónomos. Lo presentaba como un negocio híbrido de bienes raíces y tecnología, una “red social física”. Los inversores, entre ellos el grupo japonés SoftBank, le dieron miles de millones de dólares, y plena libertad.

La firma llegó a valer 47.000 millones, y ahora se ha quedado en 8.000 millones, tras la fracasada salida a Bolsa de 2019. Sus inmensos gastos, típicos de otras tecnológicas de nuevo cuño como Uber, y el hecho de que Neumann recibiera préstamos de la firma y esta le pagara alquileres de edificios de su propiedad generaron dudas en el mercado por posibles conflictos de intereses. A eso se unía su discurso esotérico sobre “espiritualidad”. Neumann salió de la empresa con un finiquito de más de 1.000 millones, y SoftBank prometió 9.500 millones para salvar la empresa.

En WeWork, como en Uber o incluso Tesla, los fundadores han tenido que perder protagonismo para mejorar la imagen de la empresa ante inversores o reguladores. Le toca a Mathrani demostrar si el negocio tiene sentido, o no.

Su vertiente filantrópica

En 2014, Sandeep Mathrani financió el lanzamiento de la app para móvil de la Frick Collection, de la que es consejera su esposa.

También apoya al Comité Judío Estadounidense. Preguntado por cómo un hindú ha acabado sosteniendo a una organización judía, responde que le encanta la gente implicada en ella y su objetivo, “facilitar el diálogo para resolver problemas complejos”.