El Foro de Davos se blinda ante el acoso sexual y los sobornos

El Foro Económico Mundial elabora un código de conducta para personal interno y asistentes

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Varios asistentes al foro, durante el pasado año. GETTY IMAGES

Como ocurre cada año desde hace medio siglo, la élite empresarial, económica y política mundial se reúne en Davos, convirtiendo durante estos días a la localidad suiza en el epicentro del poder global. Se espera la llegada de más de 1.700 altos ejecutivos, así como representantes de varias casas reales y de los Gobiernos de los principales países. La delegación española, además de por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está compuesta por los máximos responsables de compañías como Santander, BBVA, Iberdrola, Repsol, Naturgy, Ferrovial y Acciona, entre otros. A estos invitados, tal y como informa Bloomberg, se le suman 119 multimillonarios de todo el planeta, que atesoran en conjunto un patrimonio que ronda los 450.000 millones de euros.

El nivel de los invitados y participantes, que en esta edición tratarán de buscar soluciones a “una forma de capitalismo que ya no es sostenible”, no impide que el Foro Económico Mundial se blinde ante posibles problemas o enfrentamientos, derivados principalmente del acoso, de los conflictos de interés, del soborno o de favores y chantajes sexuales. La organización del evento, en un código de conducta interno que publica desde hace 45 años –y que va adaptando y actualizando ejercicio tras ejercicio–, recoge punto por punto todo lo que está prohibido o perseguido durante el foro, así como algunas pautas de actuación ante situaciones difíciles de gestionar, como aceptar un regalo. El documento está dirigido tanto al personal del evento como al conjunto de los asistentes: “Es responsabilidad de cada uno de nosotros abrazarlo y tener el coraje para hablar cuando el código se viole”, en palabras de Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del World Economic Forum.

Uno de los puntos más importantes es el que tiene que ver con el respeto a la diversidad, tanto “de género, religión, raza, etnia y orientación sexual” como de “habilidades físicas, edad, estado socioeconómico e ideología”, tal y como recoge el código. En este sentido, el personal de la organización está obligado a avisar al departamento legal del foro ante cualquier noticia o rumor de que estas normas están siendo infringidas.

El acoso, con especial énfasis en el de carácter sexual, también está vedado. Los comentarios e insinuaciones de esta naturaleza, así como comportamientos inapropiados y degradantes, no se permiten en ningún lugar del recinto. De igual manera, está prohibido “usar el rechazo o la sumisión sexual de un individuo como base para futuras decisiones que afectan a su empleo, como el salario, las bonificaciones o las promociones y ascensos”, tal y como reza el código. Esta serie de normas, explica Gerardo Correas, presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, sirven para “aprovechar los códigos de conducta como elementos comunicativos de los valores que la sociedad quiere escuchar. Son manuales de procedimiento para ayudar a que haya una uniformidad de acciones por parte de todos y que los resultados no distraigan de los objetivos principales”.

Por eso, añade Marta González, profesora de EAE Business School y experta en ética y deontología empresarial, nadie debería extrañarse por la publicación de este tipo de códigos de conducta, “muy comunes en la mayoría de empresas y organizaciones”. Se presupone, continúa la experta, más aún viendo el nivel de los asistentes, que todas estas directrices van a cumplirse sin necesidad de que haya una norma que así lo especifique. Sin embargo, alega, “con que uno solo de los invitados no cumpla, la reputación del foro puede verse sacudida”. Por ello, estos códigos son también una forma de curarse en salud, para que ante cualquier imprevisto la organización tenga margen de maniobra y potestad para actuar. “Es una forma de poner en aviso y de prevenir”.

Estas normas sirven para curarse en salud y tener capacidad de actuación ante un problema

Otro de los puntos tratados tiene que ver con los conflictos de interés, de los que se debe informar a recursos humanos. El código también hace referencia a la utilización de información confidencial de la que un alto directivo del foro puede verse beneficiado por su posición privilegiada, por ejemplo, “comprando acciones de una empresa al enterarse de que hay una transacción comercial inminente”. Tampoco se toleran los sobornos, bajo pena de ser investigado, procesado, multado y despedido. Y hay un apartado dedicado a los regalos y obsequios, que quedan prohibidos: “Si un regalo tiene trascendencia, podría pensarse que se está utilizando el foro para otras cuestiones. La mejor manera es evitarlo”, apunta Correas. Ante esto, la organización invita a rechazar cualquier presente, y en el caso de que no pueda rehuirse, debe entregarse a la organización para que luego se sortee entre el personal. “Esta es una práctica muy común, sobre todo porque si no la mayoría de obsequios recaerían siempre en altos ejecutivos”, señala González.

Todos y “1.000 detalles más”, explica Correas, se tienen en cuenta en la organización de eventos de este tipo, principalmente para que el foro tenga la trascendencia debida con lo importante, y no con temas accesorios. “Se intenta evitar que nadie adquiera un protagonismo buscado con ningún tipo de acción fuera del programa estricto de la convocatoria”.

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