El BCE debe analizar los riesgos y las ventajas de una criptodivisa

Desde Fráncfort se reconoce que una divisa digital europea con éxito podría desintermediar el sistema bancario

La revolución digital que se desarrolla en prácticamente todos los ámbitos de la economía evoluciona a un ritmo tan vertiginoso que obliga a analizar una y otra vez unos riesgos y oportunidades que se transforman de forma constante. El auge de las criptomonedas es un ejemplo perfecto para ilustrar este fenómeno. Su aparición, hace menos de diez años, llegó acompañada de reiteradas advertencias por parte de los reguladores sobre el riesgo que entraña operar con estos activos, especialmente en el caso de particulares sin formación financiera, y sobre la amenaza siempre latente de una nueva burbuja financiera. Esos llamamientos a la cautela aumentaron cuando Facebook anunció los planes de lanzar su propia criptodivisa, Libra, una iniciativa que ha sido severamente criticada por los reguladores globales. Desde el BCE se advertía el pasado septiembre del peligro de que las stablecoins privadas, como la de Mark Zuckerberg, pudiesen socavar la capacidad de los bancos centrales para establecer su política monetaria y se convirtiesen en una amenaza para la estabilidad financiera. Ahora, en lo que puede interpretarse como una respuesta a ese riesgo potencial, es la propia UE la que estudia la creación de una criptodivisa de cambio estable, en la línea de lo que están propugnando otros bancos centrales, como el de China.

Las ventajas que ofrecería una criptodivisa europea son a priori muy atractivas, como la posibilidad de aprovechar la tecnología ‘blockchain’ y la reducción de costes que supone el dinero digital sin renunciar al control y la transparencia. Al contrario que en las criptomonedas convencionales, sería el regulador europeo quien controlaría la emisión y el precio. Los particulares, además, podrían mantener cuentas abiertas en el BCE, lo que reforzaría las políticas de inclusión que propugna la institución, al tiempo que puede mantenerse a la entidades bancarias como agentes del sistema financiero, al igual que en el modelo actual.

Junto a esas indudables ventajas, también existen riesgos que es importante valorar. Como ha reconocido la propia Christine Lagarde, una criptodivisa europea con éxito podría provocar la desintermediación del sistema bancario, así como una fuga masiva de capital desde la banca al BCE en los escenarios de crisis, lo que agravaría los problemas de liquidez de las entidades sanas. La presidenta del BCE abogaba en la última reunión del consejo del banco por reflexionar sobre cuáles serían los objetivos que justificarían la decisión de crear una divisa digital y estudiar a fondo el coste beneficio de cada uno de ellos. Parece un enfoque correcto para abrir la puerta con seguridad a una transformación integral del sistema financiero y de la política monetaria tal y como hoy los conocemos.