Un voto de confianza del mercado que es clave mantener

La primera tarea del Gobierno es transmitir de forma inequívoca los ejes de una política económica alineada con el crecimiento y los compromisos europeos

El Tesoro cerró ayer la primera emisión sindicada del año con una demanda récord que superó en pocos minutos los 53.000 millones y que ha permitido a España captar 10.000 millones de euros con un interés del 0,5%, el tipo más bajo de la historia en una colocación de este tipo. El éxito de la operación, realizada el día de la primera reunión del Consejo de Ministros, supone un voto de confianza por parte del mercado al nuevo Ejecutivo, en el inicio de una legislatura compleja en la que este debe tener presente como uno de sus grandes objetivos el conservar ese valioso crédito. Como todo Gobierno acaba aprendiendo por la experiencia, pero de forma aún más acusada los que agrupan en coalición a partidos y sensibilidades dispares, la confianza es un intangible que cuesta mucho construir y recuperar, pero que resulta extremadamente fácil perder. Sin empañar en absoluto el éxito conseguido ayer por el Tesoro y la notable respuesta del mercado, también se ha escuchado alguna recomendación aislada de no adquirir deuda pública española a largo plazo por las dificultades de gobernabilidad que supone un Parlamento hiperfragmentado y por el propio contenido del programa económico que refleja el acuerdo del PSOE y Podemos.

Algunos de los primeros mensajes transmitidos por el nuevo equipo de Gobierno no están ayudando en exceso a disipar posibles dudas sobre el rumbo que seguirá la política económica española de ahora en adelante. Frente a la firmeza y seriedad de la vicepresidenta ecónomica Nadia Calviño al definir la hoja de ruta del Gobierno como “moderada, clara y progresista” y reafirmar el compromiso con la disciplina fiscal y las reformas estructurales, desde otros departamentos se pone el acento en revertir la reforma laboral o en renegociar los objetivos de déficit para poder gastar más. Más allá de las incertidumbres que pueden generar al principio de una legislatura tonos disonantes como estos, poner en cuestión la ortodoxia y el rigor fiscal entraña riesgos evidentes y bien conocidos. El ventajoso coste de financiación que España ha alcanzado en los mercados, del que la emisión de ayer es un buen ejemplo, es una conquista alcanzada solo tras años de crecimiento y de cierta consolidación fiscal y en un entorno de tipos de interés muy bajos. Perder la confianza del mercado no saldría gratis, sino que supondría elevar la factura de la financiación y concentrar en ese capítulo unos recursos que pueden y deben dedicarse a la inversión productiva, entre otros fines. Por eso en esta como en otras áreas, la primera tarea del Gobierno es transmitir de forma inequívoca y sin fisuras los ejes de una política económica alineada con el impulso al crecimiento y los compromisos europeos de España.