Sequía de empresas europeas entre las mayores del mundo

Debería ser motivo de reflexión y causa de preocupación para las autoridades

Una empresa de Arabia Saudí, la petrolera estatal Saudi Aramco, se ha convertido en 2019 en la compañía con mayor capitalización bursátil o valor de mercado del mundo. Su liderazgo en la clasificación no debe llevar a engaños ni a hacer pensar que el sector petrolero recupera el predominio perdido. Se trata de un caso excepcional en que un país ha sacado a Bolsa enormes reservas de hidrocarburos, pero no es indicativo de la dirección en la que avanza el mundo empresarial ni económico. Basta para comprobarlo con mirar cuáles son las siguientes compañías en la lista de las más valiosas: Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Facebook y Alibaba. Para encontrar a la siguiente petrolera después de Aramco hay que bajar casi al puesto 20.

La tecnología es la clara dominadora en la clasificación de las grandes empresas. Y el dominio de las compañías estadounidenses es apabullante. Ni una sola empresa de la Unión Europea se sitúa entre las 30 más valiosas del mundo. Solo hay tres europeas y son las tres suizas (Nestlé, Roche y Novartis). Y son muy pocas las compañías de la UE que se cuelan entre las 100 primeras del mundo, entre ellas, al final de la lista, la española Inditex, todo un ejemplo.

La escasez de compañías europeas entre las más destacadas del mundo debería ser motivo de reflexión y causa de preocupación para las autoridades. Es indudable la pujanza tecnológica de Estados Unidos y de algunas de sus compañías, pero Europa ha sido con frecuencia hostil con sus propias compañías y les ha proporcionado un entorno mucho más difícil que a sus homólogas estadounidenses. Bancos como Santander y empresas como Telefónica que llegaron a codearse por valor de mercado con JP Morgan o AT&T ahora valen en Bolsa solo una fracción de lo que suponen sus homólogos estadounidenses.

La fragmentación del mercado europeo (supuestamente único), la exigente regulación y las trabas de las autoridades de competencia a los procesos de consolidación son algunas de las causas que han impedido a las compañías europeas estar a la altura de sus rivales estadounidenses o chinos. En el sector financiero se han concatenado una serie de factores, entre ellos los tipos de interés negativos, las exigencias de capital y la revolución tecnológica, que han provocado una diferencia enorme.

Europa debe ser consciente de todo ello y tomar las medidas y las precauciones necesarias para evitar asimetrías que beneficien a grandes grupos del exterior en detrimento de los europeos, tanto en materia de concentraciones como de regulación.