Una fusión pensada para competir en un sector en veloz transformación

El futuro grupo deberá hacer frente a competidores cada vez más poderosos y un mercado condicionado por las exigencias del proceso de descarbonización

La unión de PSA y Fiat Chrysler Automobiles (FCA), sellada finalmente ayer, creará el cuarto gigante mundial de la industria automovilística y lo hará combinando estratégicamente fortalezas y debilidades y generando sustanciosas sinergias. Los números de la fusión, pendiente de la aprobación de las autoridades de competencia europeas, cifran en 8,7 millones de unidades el volumen de ventas, en 45.000 millones el valor bursátil, en 170.000 millones los ingresos anuales, en 11.000 millones los resultados de explotación y en más de 3.700 millones los ahorros anuales fruto de las sinergias, lo que da una idea de la sólida lógica de la operación, que fue recibida ayer calurosamente por el mercado. La unión de ambas compañías se produce en un momento complejo para la industria europea del automóvil, con un mercado en veloz transformación, unos competidores cada vez más poderosos y un futuro fuertemente condicionado por las exigencias del proceso de descarbonización de la economía.

La operación de PSA y Fiat tiene los mimbres necesarios para lograr tres grandes objetivos: reducir costes y ganar en eficiencia, crecer en tamaño y cuota de mercado y afrontar la asignatura del coche eléctrico frente a unos competidores que ya llevan la delantera. La integración de ambos gigantes abrirá a PSA las puertas del mercado estadounidense y reforzará estratégicamente la posición de Fiat Chrysler en Europa, dominada por la fortaleza de Volkswagen con sus ambiciosos planes de futuro, que incluyen un vigoroso crecimiento en ventas en el mercado chino antes de 2025.

Para el grupo italoestadounidense, el acuerdo llega tras su fallido intento de unirse a Renault y lo hace en un entorno de concentración en la industria y de firma de alianzas estratégicas, como las que mantiene la propia Renault con Nissan y Mitsubishi o la firmada el pasado junio por Volkswagen y Ford. Los planes de ambos grupos excluyen a priori el cierre de factorías, lo que supone una noticia importante para España, donde PSA cuenta con fábricas en Vigo, Figueruelas (Zaragoza) y Madrid, que facturan más del 30% de los vehículos producidos en España y dan trabajo a 14.000 profesionales. La apuesta por la fabricación de vehículos eléctricos y sostenibles jugará un papel fundamental en los planes de desarrollo del futuro grupo, que estará liderado por el CEO de PSA, Carlos Tavares, durante al menos los primeros cinco años. Las piezas sobre el tablero de la fusión encajan como si saliesen de un molde; cuestión distinta es que el nuevo gigante sea capaz de jugar con eficacia sus cartas en un mercado cada vez más exigente.