Cómo evitar que la economía local se diluya en la globalización

La transformación digital no va (al menos, no en todos los casos) de meter robots de última generación en las cocinas de los bares

Los bares de toda la vida y los restaurantes de barrio van perdiendo terreno y cuota de estómago en favor de las compañías internacionales, franquicias y ofertas de comida rápida. Creo que no estamos descubriendo la pólvora cuando realizamos una afirmación como esta.

Sin embargo, esa tendencia choca con las preferencias de los españoles. Cuando se les ha preguntado a los trabajadores dónde acuden a almorzar en la pausa de la comida o a dónde querrían ir (el Barómetro Food hace una encuesta de gran alcance cada año para analizar estas tendencias), la mayoría de ellos (el 56 %) prefiere elegir los bares y restaurantes tradicionales antes que decantarse por las opciones fast food, aunque en la práctica acaben optando por la segunda opción por la evidente falta de tiempo en nuestra vida diaria.

El problema para los restaurantes no es que haya opciones más rápidas (nos vienen a la cabeza decenas de cadenas de comida rápida), es que el bar de siempre piensa que la transformación digital no está pensada para él, bien por desconocimiento o simplemente por falta de recursos. Pero hay otras opciones, otros players que impulsan los negocios y pueden volver a hacerlos competitivos.

Por un lado, están los agregadores de comida, que posibilitan la opción de pedidos desde el móvil, reserva de una mesa, consulta de menús… Esta opción permite a los restaurantes ampliar su radio de alcance y organizar su producción diaria de forma más eficiente. Por otro lado, las opciones de retribución flexible, que suponen un incentivo para los trabajadores a la hora de comer fuera de la oficina y que les suponen un ahorro en el sueldo neto al contemplar la exención del IRPF.

No es una utopía el pensar que ambos puedan combinarse en beneficio de todas las partes que están implicadas. Por un lado, el consumidor, que ahorra tiempo y dinero en cada comida que realiza; y por otra, el restaurante, que llega a mucha más gente y puede hacer una gestión más efectiva de su stock. También favorece a las empresas, ya que cuentan con más opciones para motivar a sus empleados y con el valor que les otorga frente a la competencia ofrecer fórmulas de retribución flexible para la retención del talento, como parte de lo que se denomina salario emocional.

Este es solo un ejemplo de las opciones que tienen los bares y restaurantes de repuntar en el mercado español. Afición, como decimos, tienen, pero también hay que poner las cosas fáciles a los usuarios.

Es importante entender que la transformación digital no va (al menos, no en todos los casos) de meter robots de última generación en las cocinas o de introducir tecnologías completamente disruptivas en la gastronomía, sino de implementar procesos diferentes que nos sigan haciendo competitivos y aprovechar lo que la innovación puede brindarnos.

Pierre Gagnoud es CEO de Edenred España