No solo deben escrutarse los sueldos de los ejecutivos de banca

Los planes de pensiones de directivos como Horta-Osorio, de Lloyds, son relativamente insignificantes

Antonio Horta-Osorio, CEO de Lloyds.
Antonio Horta-Osorio, CEO de Lloyds.

Los sueldos de los jefes de bancos se miran más que los de otros ejecutivos. Es justo: la crisis y los rescates demostraron que la asunción de riesgos de las entidades estaba cubierta en la práctica por los contribuyentes. Pero el debate debería ser más general.

Lloyds podría recortar el plan de pensiones de su CEO, Antonio Horta-Osorio, que en 2018 era de 671.000 euros, el 46% de su salario base. Con el 15% para toda la empresa que quiere introducir el banco, según el FT, quedaría en 220.000 este año.

Es una medida que debería haberse tomado hace mucho tiempo: Lloyds, Standard Chartered y Barclays pagan planes de pensiones inusitadamente altos a sus CEO: Horta-Osorio, Bill Winters y Jes Staley recibieron 3 de los 10 planes de pensiones más altos de las 100 empresas del FTSE en 2018, según el Chartered Institute of Personnel and Development y el High Pay Centre. Algunos inversores sostienen con razón que son un intento de elevar la remuneración de los ejecutivos por la puerta de atrás.

Pero es poco comparado, por ejemplo, con los 7,4 millones de euros totales de Horta-Osorio en 2018. El plan de pensiones y otros beneficios serán solo el 5% del sueldo total de Staley, 9,7 millones este año, suponiendo que él y Barclays alcancen todos sus objetivos.

Tampoco son los jefes de los bancos los peores del FTSE. Los de petróleo y gas, como Ben Van Beurden, de Shell, tuvieron la paga media más alta en 2018, con 16 millones de euros. El sector de bienes de consumo quedó segundo, con 9 millones. La constructora de casas Persimmon se llevó el primer puesto individual: su exjefe Jeff Fairburn ganó 47 millones de euros, equivalentes al 5% de los dividendos que pagó la firma en 2018.

Esas empresas no son menos merecedoras del escrutinio público que los bancos. Petroleras y gasistas bombean gases de efecto invernadero; las constructoras de casas se benefician de un mercado disfuncional y muy subsidiado. Las energías de los inversores y activistas estarían mejor enfocadas ahí que en el relativamente insignificante plan de pensiones de Horta-Osorio.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías