General Motors quiere hacer pagar a Fiat sus desaires pasados y futuros

Obstruir la mayor fusión de la industria con su demanda por extorsión sería una victoria estratégica

La presidenta y CEO de General Motors, Mary Barra.
La presidenta y CEO de General Motors, Mary Barra.

General Motors se ha puesto seria, quizás algo tarde. El miércoles abordó a su rival, Fiat Chrysler, con una herramienta que se suele considerar dominio exclusivo de las autoridades legales de EE UU: una demanda por extorsión.

La CEO de GM, Mary Barra, y su equipo acusan a FCA de sobornar a representantes sindicales para obtener un mejor trato que ellos. No es algo inesperado, ya que los funcionarios federales llevan meses investigando reclamaciones similares, y tres ejecutivos de Fiat ya se habían declarado culpables de soborno. Que eso haya costado 50.000 millones de dólares a GM, como dice, es más difícil de medir.

Es difícil no oler cierta venganza. Hace 15 años, GM se vio obligada a pagar a FCA unos 2.000 millones de dólares para salirse de un acuerdo del año 2000 que podría haberle obligado a comprar el 90% de la empresa italiana que no poseía.

En 2015, el entonces jefe de Fiat, Sergio Marchionne, calificó a GM como socio ideal para una fusión. Barra puso objeciones, pero eso la puso a rueda. La demanda del miércoles sostiene que Marchionne autorizó los sobornos a la United Auto Workers en parte para impulsar sus planes de fusión.

En 2017, Barra vendió la unidad europea de GM, Opel, a Peugeot. En un año, el jefe del fabricante francés, Carlos Tavares, puso al descubierto años de mala supervisión por parte de GM al obtener una ganancia decente en una división que llevaba años sangrando dinero en efectivo.

Ahora Tavares parece estar listo para dedicar sus habilidades para la reestructuración a FCA después de que esta y PSA acordaran una fusión el mes pasado. Esto convertiría las dos mejores historias de éxito de la industria en el cuarto fabricante de automóviles más grande del mundo, y en un competidor probablemente más fuerte para GM.

Esta niega que haya otros motivos detrás de la demanda. Pero obstruir la mayor fusión de la industria sería una victoria estratégica. Es una forma de llamar la atención de Fiat Chrysler sobre sus desaires del pasado y del futuro, así que quizás era demasiado tentador como para dejar pasar la oportunidad.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías