Los 1,7 billones de Aramco no complacen a casi nadie

Un precio más bajo podría haber permitido una oferta mayor

Amin H. Nasser, presidente y CEO de Aramco, y Yasser al-Rumayyan, presidente, el pasado día 3 en Dhahran (Arabia Saudí).
Amin H. Nasser, presidente y CEO de Aramco, y Yasser al-Rumayyan, presidente, el pasado día 3 en Dhahran (Arabia Saudí).

Aramco ha optado por un término medio. El tan esperado rango de precios para su OPV confirma lo que todo el mundo sabía: no vale los 2 billones de dólares que Riad pretendía originalmente. Pero incluso con una valoración de entre 1,6 y 1,7 billones, puede ser demasiado cara para los extranjeros.

Valorar la acción entre 30 y 32 riales (8-8,5 dólares) es un paso adelante. El estrecho margen implica un alto nivel de confianza en la demanda, lo que dará al Fondo de Inversión Pública saudí unos 25.000 millones para diversificar la economía del reino. La voluntad del Gobierno de aceptar una valoración por debajo de su objetivo preferido muestra una capacidad inu­sual de transigencia.

Pero nadie conseguirá lo que quiere. La reputación del príncipe de doblegar los mercados queda mermada. Y las instituciones internacionales habrían preferido una valoración entre 1,2 y 1,3 billones, para que la acción rindiera el 6%, según la promesa de pagar dividendos anuales de al menos 75.000 millones durante cinco años. Eso está en línea con el rendimiento medio ofrecido por otros gigantes petroleros cotizados. La expectativa de que la mayoría de los extranjeros la dejen pasar ayuda a explicar por qué Riad ofrece solo el 1,5% de las acciones, en lugar del 2% o el 3%.

Pese a dar prioridad a la valoración por encima del atractivo para el extranjero, Riad aún debería de recaudar tanto o algo más que el récord de 25.000 millones de Alibaba en 2014, una suma enorme si se tiene en cuenta su diminuto mercado nacional. Algunos inversores no saudíes podrían participar de todos modos, y los fondos extranjeros que siguen índices de emergentes se verán obligados a comprar.

Pero la OPV también debía abrir los mercados de capital saudíes, reactivar la inversión extranjera directa y ayudar a la diversificación energética. Un precio más bajo podría haber permitido una oferta mayor, y atraído más interés de las instituciones mundiales de primera línea para contrarrestar la preocupación sobre el pico de demanda de crudo, por no mencionar el lamentable historial de derechos humanos de Riad. Esas metas podrían seguir sin cumplirse.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías