El alimento que combate la exclusión social

Kellogg amplía su programa de RSC ‘Todos a desayunar’ con las ‘Becas para estudios W. K. Kellogg’

Comedor de uno de los colegios adscritos al programa Todos a desayunar durante la hora del desayuno.
Comedor de uno de los colegios adscritos al programa Todos a desayunar durante la hora del desayuno.

En 2011, la multinacional agroalimentaria Kellogg puso en marcha en España Todos a desayunar con el objetivo de facilitar un desayuno completo y equilibrado a niños de 3 a 12 años que, debido a la situación socioeconómica de sus entornos familiares, no tienen acceso a un desayuno diario. Una iniciativa que desarrolla en colaboración con Cooperación Internacional ONG, entidad sin ánimo de lucro española.

“Empezamos en 2011 con un solo colegio en Madrid, con 19 niños, y a partir de ahí se ha ido extendiendo porque hemos visto que la necesidad efectivamente existía y que los efectos son muy positivos”, cuenta Amparo Lobato, directora de asuntos corporativos de Kellogg Iberia. Hasta junio de 2019, Todos a desayunar ha proporcionado más de 600.000 desayunos a más de 2.000 niños en 20 colegios públicos españoles (en nueve provincias de seis comunidades autónomas). “Este año estamos en 12 colegios, en los que participan más de 1.000 niños”, apunta Lobato.

El programa se desarrolla en centros de educación infantil y primaria (CEIP) de titularidad pública ubicados en áreas de altas tasas de desempleo y de riesgo de exclusión social, que se da sobre todo en zonas urbanas más que en las rurales. “Nosotros elegimos el colegio, no evaluamos a los alumnos”, remarca la directora de asuntos corporativos de Kellogg Iberia.

Lo que hace Kellogg es financiar el coste de los desayunos, compuestos por lácteos, cereales y fruta

Lo que hace Kellogg es financiar todos los costes del desayuno, que se contrata con la misma empresa de catering que sirve en el comedor de los colegios, explica Lobato. “Lo que sí hacemos es exigirle un menú concreto que se aprobó en su momento con la Fundación Española de Pediatría, un desayuno del que forman parte lácteos, cereales y fruta”.

El Colegio Pío XII de Madrid, en el barrio de La Ventilla, se adhirió a la iniciativa hace siete años. “Cuando la crisis golpeó con fuerza, empezamos a ver que había niños pequeños que venían al colegio sin desayunar, con frecuentes dolores de tripa”, relata Ana Fraile, profesora de infantil en el Colegio Infanta Leonor y directora durante nueve años del Colegio Pío XII. Los responsables del colegio iniciaron su propia operación desayuno, primero con la ayuda de otros colegios en situación más favorecida para proveerse de leche y galletas, para pedir luego ayuda a grandes cadenas de supermercados, que fue cuando apareció Kellogg, cuenta Fraile.

“La idea de Kellogg era muy buena porque les daba un desayuno equilibrado diario a los niños, a todos los niños del colegio que quisieran. Eso está bien porque los niños que lo necesitaban no se sentían mal por ir”, señala Fraile. La única condición que pone Kellogg es la asistencia (el desayuno se sirve de 8.00 a 8.45, para no interferir el horario lectivo). Además, no se realiza publicidad ni se distribuyen productos o regalos con marcas.

“Hemos notado que el rendimiento escolar aumenta, los niños están mucho más despiertos, tienen más capacidad de concentración y atención, y disminuyen los dolores de tripa. Vienen preparados para aprender y eso se nota”, asegura Fraile. La iniciativa ha contribuido asimismo a reducir el absentismo escolar.

Continuar la formación

El programa tiene este año mayor alcance con la concesión de las Becas para estudios W. K. Kellogg, destinadas a facilitar la formación académica de alumnos que, habiendo participado en Todos a desayunar, siguen teniendo dificultades socioeconómicas para continuar formándose una vez que han completado sus estudios obligatorios. “Son alumnos que tienen una necesidad muy real, pues sin nuestra ayuda no podrían seguir estudiando, porque sus familias no tienen los recursos ni siquiera para pagarles la matrícula. Y con expedientes muy, muy buenos”, destaca Lobato.

Para este curso, cinco alumnos, tres procedentes del CEIP Pío XII de Madrid, que comienzan sus estudios universitarios, y dos del CEIP Sara Fernández de Valencia, que estudian Bachillerato, se están beneficiando de estas ayudas.

Las becas, que reciben el nombre del fundador de Kellogg Company, “están dotadas con 2.500 euros por curso para enseñanzas universitarias o de Formación Profesional superior y 1.000 euros para enseñanzas de Bachillerato o Formación Profesional media y se conceden para un ciclo formativo completo, siendo renovables para cada curso”, cuenta Lobato. Para seguir contando con esta ayuda durante todo su ciclo académico, los alumnos deben haber superado el 75% de las materias, no haber repetido curso y matricularse del 100% de las asignaturas. Estas becas se financian gracias a la venta de la gama de cereales W. K. Kellogg, un producto lanzado en 2018, que destina 10 céntimos a fines sociales y medioambientales por cada paquete vendido.

“Estas niñas (las tres exalumnas del CEIP Pío XII) van a tener un futuro muy diferente al que tendrían si no hubiera estado Kellogg ahí, y romper así la cadena de la pobreza”, resalta Ana Fraile. “El milagro es que estos niños, a pesar de que sus padres no se lo pusieran nada fácil, quieran seguir estudiando y que saquen las notas que han sacado”.

Alineado con los ODS 2 y 3

Kellogg puso en marcha en 2013 la iniciativa global Breakfast for Better Days con el propósito de ofrecer desayunos a quienes estén en situación de necesidad, una plataforma a la que se ha integrado Todos a desayunar. La iniciativa se alinea así con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU 2 (hambre cero) y 3 (salud y bienestar).

La plataforma incluye unos compromisos globales de sostenibilidad y pretende crear días mejores para 3.000 millones de personas antes de 2030. Para ello se ha comprometido a alimentar a 1.000 millones de personas con los nutrientes necesarios y abordando el hambre oculta; alimentar a 275 millones de personas necesitadas mediante donaciones de alimentos y ampliando los programas de alimentación infantil; cuidar el planeta mediante el apoyo a un millón de agricultores, a la vez que se conservan los recursos naturales, y defender a los niños hambrientos en todo el mundo e involucrando a 1.500 millones de personas para ayudar a abordar la seguridad alimentaria.

Normas