La UE debe defender su acero, pero no instalarse en el proteccionismo

Los aranceles no benefician ni a la economía ni al crecimiento

El sector del acero europeo ha sido uno de los primeros damnificados por el estallido de la guerra comercial entre EE UU y China. Los productores de la UE, que en los últimos años han sufrido un agresivo dumping por parte de las compañías siderúrgicas chinas, han visto cómo la batalla arancelaria entre las dos potencias ha cerrado el mercado estadounidense y ha obligado a la industria asiática a volcarse en Europa. El problema ha llevado a Bruselas a activar un mecanismo de salvaguarda, modificado en septiembre y que entró en vigor el 1 de octubre, que fija un tope máximo de importaciones siderúrgicas a partir del cual se aplica un arancel del 25%. Esta solución, más o menos pacífica, puede verse perjudicada ahora por la posibilidad de un Brexit duro, que reducirá la base sobre la que se establece el tope de importaciones y que, por tanto, debería recortar también el contigente de importación. A eso hay que sumar el hecho de que, una vez fuera de la UE, Reino Unido pasará a ser un competidor y se añadirá a la larga lista de problemas de la industria europea. Un ejemplo de la crisis que vive el sector es el deterioro de una compañía como ArcelorMittal, el mayor productor de acero del mundo, que en junio anunció un recorte temporal de tres millones de toneladas al año en su producción, de las que 700.000 corresponden a su planta de Asturias.

La industria española está seria y lógicamente preocupada ante esta amenaza. Desde el Gobierno se ha pedido a Bruselas que si el Brexit sin acuerdo se confirma, esta recalcule los contigentes de importaciones que puedan verse afectadas por la salida de Reino Unido, lo cual parece lógico frente al abandono de un jugador que modificará repartos y equilibrios. Pero más allá de ese extremo, y del hecho de que las prácticas de competencia desleal pueden obligar legítimamente a los Estados a defenderse con aranceles, Europa no debería atrincherarse en prácticas proteccionistas que no benefician ni a la economía ni al crecimiento. Tanto la agresiva política económica de EE UU, como el capitalismo de Estado chino como la propia crisis del Brexit son elementos perturbadores para las reglas de juego del libre comercio y para las propias transacciones del mercado. La UE no puede quedarse de brazos cruzados ante los vientos que sacuden a la industria europea, pero debe actuar siempre sin perder de vista el hecho de que el proteccionismo defensivo es un mal, a veces puede ser un mal menor, pero es un mal.