El nuevo jefe de BP tendrá una tarea más dura que la de su predecesor

Bernard Looney deberá afrontar una mayor atención sobre el impacto climático de la petrolera

Bob Dudley, que dejará el cargo de CEO de BP en marzo de 2020.
Bob Dudley, que dejará el cargo de CEO de BP en marzo de 2020.

Los dos últimos jefes de BP se fueron bajo una nube de sospecha. La sucesión de Bob Dudley, que será reemplazado en 2020 por el jefe de la división de exploración y producción de la mayor petrolera del Reino Unido, Bernard Looney, está, por lo tanto, admirablemente libre de angustia. El problema es que el trabajo de Looney parece más difícil que el de su predecesor.

El logro de Dudley fue conducir BP a través del desastroso derrame de petróleo del Golfo de México en 2010 y recuperar en gran medida sus ganancias y su producción. A lo largo de la próxima década, esa limpieza puede parecer retrospectivamente un picnic. Las grandes petroleras que hagan mal la transición a una economía baja en carbono podrían quebrar.

Looney, que a diferencia de los actuales jefes de Royal Dutch Shell y Exxon Mobil proviene de la explotación petrolífera y no de la parte del negocio del refinado, más consciente de los costes, comienza con algunas ventajas.

Como resultado de sus esfuerzos, los costes de producción de BP en 2018 fueron de 7,15 dólares por barril equivalente de petróleo, inferiores a los de su rival nacional Shell. Eso podría ganar importancia en un mundo en el que los políticos empiezan a tomarse en serio la necesidad de limitar el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados en comparación con los niveles preindustriales, de conformidad con el Acuerdo de París de 2015 sobre cambio climático.

En un mundo así, solo una producción más barata se mantendría dentro de los presupuestos de carbono. En ese escenario, una mayor proporción de los activos de Shell y Total quedaría varada, dijo la consultora Carbon Tracker el mes pasado.

Looney podría utilizar la actual falta de interés de los inversores por los temas verdes para esperar lo mejor. La reciente adquisición por parte de su grupo de los activos de shale de BHP en Estados Unidos –que recuperarán los costes de inversión más rápidamente que proyectos a largo plazo como sus propiedades de Alaska, de la que acaba de salir BP–, son una especie de cobertura. Lo que ni él ni otros grandes empresarios petroleros pueden controlar es la rapidez con la que el cada vez más claro cambio climático incitará a los inversores a reevaluar el coste del carbono.

Aunque Dudley fue mucho más enérgico con respecto a la transición que sus rivales estadounidenses como Exxon, ha tardado en alcanzar el ritmo de Shell y discutir la reducción de las emisiones de carbono de los clientes de BP, así como de sus propias operaciones.

Looney tendrá que coger ese toro por los cuernos, así como estar preparado para una mayor atención sobre los activos de la compañía. Como se demostró a las malas el miércoles, cuando la compañía de teatro Royal Shakespeare Company renunció al patrocinio de BP tras la presión de los estudiantes, la firma se enfrenta a preguntas mucho más complicadas. Looney tendrá que encontrar algunas respuestas.

 Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías