Boris Johnson y la sabiduría de Salomon

Los empresarios irlandeses se oponen al nuevo plan, pero el primer ministro hace oídos sordos

Boris Johnson y la sabiduría de Salomon

Nadie que esté involucrado en el problema fronterizo irlandés creería que los puestos de aduanas en la República o en Irlanda del Norte a cinco kilómetros (o incluso a diez) de la frontera real no es más que crear tres fronteras donde solían estar. Stephen McFarlane, jefe de la industria manufacturera de Irlanda del Norte, nos recuerda que, en 2017, tanto en la parte británica como de la UE acordaron que no habría controles fronterizos ni aduaneros en la frontera o cerca de ella. Eso fue lo pactado hasta que los británicos rompieron el acuerdo.

Al menos para los fines de la negociación, toda la isla de Irlanda debía verse como un mercado alineado. Pero miércoles, en el discurso que pronunció Boris Johnson en la conferencia del partido conservador, (y antes de eso en una entrevista en Sky News), lacónicamente, casi con indiferencia, señaló que efectivamente hubo “un cambio de política” con respecto al asunto de la alineación reguladora irlandesa. Con ello pone de manifiesto que no se puede confiar en el Gobierno británico cuando firma un acuerdo; y que miente a la UE.

Frontera 1: una frontera en el mar de Irlanda. La última propuesta del Reino Unido se llama “dos fronteras, cuatro años”. Efectivamente, es un backstop de tiempo limitado, que ya ha sido descartada en repetidas ocasiones por Bruselas, por la cual Irlanda del Norte permanecería dentro del mercado único de la UE hasta 2025, momento en el que su Asamblea –que aún no está constituida– debatiría y acordaría con Dublín cuáles son los términos de intercambio una vez finalizada la transición.

En Irlanda del Norte no puede haber acuerdo en su Asamblea a menos que ambas tradiciones, católica y protestante, estén de acuerdo. Por lo tanto, Boris Johnson acaba de otorgar al extremista DUP (Partido Unionista Democrático, DUP en sus siglas en inglés) un veto efectivo sobre las relaciones comerciales con un mercado de 500 millones de personas.

La introducción de un bloqueo de la Asamblea sobre el futuro estado comercial de Irlanda del Norte significa que el problema de “qué hacer con Irlanda del Norte” ha sido eliminado durante unos cinco años más. La pregunta aquí es si los ciudadanos del territorio prefieren unirse al sistema del Reino Unido o permanecer en el de la UE hasta 2025.

Frontera 2: verificaciones aduaneras... La cuestión es dónde se establecen esas verificaciones. Y la respuesta es que en algún lugar, pero no en la frontera propiamente dicha: seguramente, el sueño de todo contrabandista. El sistema entero se basa en lo que se conoce como comerciantes de confianza. Efectivamente, si está pensado para evitar obligaciones legales o fiscales y hacer contrabando de mercancías, perfecto. De acuerdo con el plan de Boris Johnson, Irlanda del Norte tendrá que abandonar la unión aduanera y, por lo tanto, deberá haber controles de las mercancías que pasan desde Irlanda, pero no en la frontera real, sino en las zonas de despacho de aduanas cercanas a la frontera.

Boris Johnson nos ha aplicado la sabiduría de Salomón: dos nuevas fronteras para agregar al problema del problema. Casi no se puede creer el absurdo. Desde una perspectiva británica, esto debería mantener al radical y pro-Brexit DUP bajo control y el ERG (European Research Group) dentro del partido tory, pero no satisfará a los irlandeses y habrá un retroceso desde Bruselas.

La comunidad empresarial se opone implacablemente a dicha propuesta, pero eso importaría si Boris Johnson escuchara a la comunidad empresarial. La propuesta implicaría que los agricultores del norte tendrían que pagar aranceles para comercializar sus productos en el sur. De nuevo, una locura. Todos los demás partidos importantes en Irlanda están en contra de tal propuesta, al igual que los grupos empresariales, así como el Partido Laborista, los nacionalistas escoceses, los demócratas liberales e, incluso, miembros del propio partido de Johnson.

La única señal preocupante es que Jean-Claude Juncker le da a la propuesta una bienvenida cautelosa en algunos lugares. Me temo que los irlandeses están a punto de recibir una puñalada trapera, tanto por la UE como por el Reino Unido. Mientras, el Parlamento británico se suspenderá nuevamente el próximo martes, 8 de octubre, para un discurso de la reina el día 14.

 Gavin Bonnard es abogado y empresario irlandés y experto en derecho internacional