El arriesgado plan de Boris Johnson tiene poco margen de tiempo

Parece improbable que Dublín acepte que Belfast pueda frustrar el acuerdo unilateralmente

El primer ministro británico, Boris Johnson, ayer en Downing Street.
El primer ministro británico, Boris Johnson, ayer en Downing Street.

Boris Johnson ha lanzado un arriesgado plan para el Brexit con un calendario muy corto. El tan esperado plan alternativo del primer ministro británico para abandonar la Unión Europea tiene varios defectos importantes. Pero incluso si Bruselas está dispuesta a negociar un acuerdo a tiempo para una cumbre que se celebrará dentro de dos semanas, no está nada claro que lo apruebe el Parlamento británico.

Lo mejor de la propuesta del exalcalde de Londres es que por fin ha elaborado una. Como era de esperar, abandona la salvaguarda, el mecanismo de protección de Irlanda del Norte negociado por su predecesora Theresa May. Su propuesta intentaba evitar la reintroducción de una frontera rígida con Irlanda, pero el Parlamento la rechazó en tres ocasiones.

El plan de Johnson haría que Irlanda del Norte se sometiera en la práctica a las normas de la UE sobre productos agrícolas y manufacturados, eliminando la necesidad de controles regulatorios sobre los artículos que entran en el mercado único de la UE al cruzar la frontera irlandesa.

La propuesta también tiene algunas características menos atractivas. Irlanda del Norte seguiría quedándose fuera de la unión aduanera de la UE, por lo que las mercancías que cruzaran la frontera estarían sujetas a controles de ese tipo, y potencialmente a aranceles, si el planteamiento del Reino Unido con respecto al comercio difiere del de la UE.

El Gobierno británico dice que muchos de estos controles podrían automatizarse o, en caso necesario, llevarse a cabo lejos de la frontera. Incluso si esto fuera factible, supondría un gran cambio respecto a la promesa anterior del Gobierno de no introducir una frontera rígida.

Johnson también quiere someter los acuerdos a un “consentimiento democrático” en Irlanda del Norte cada cuatro años. Puede que eso haya sido necesario para ganarse el apoyo del Partido Unionista Democrático, cuya oposición ayudó a frustrar el plan de May. Pero parece poco probable que el Gobierno irlandés acepte una vaga disposición que daría a los políticos del otro lado de la frontera la capacidad de frustrar unilateralmente el acuerdo.

Es probable que la UE intente mantener en marcha las negociaciones, aunque solo sea para minimizar la capacidad de Johnson de culpar a Bruselas si no logra ejecutar el Brexit para el 31 de octubre, como ha prometido.

Pero mientras el primer ministro carezca de mayoría parlamentaria, es probable que las concesiones sean pequeñas. Puede que la hora de la verdad no llegue hasta que Londres haya vuelto a ampliar el plazo y la postura desafiante de Johnson haya sido puesta a prueba por los británicos en unas elecciones general.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías