El crac de Thomas Cook es un simulacro de un Brexit caótico

Invocar el “riesgo moral” para no salvarla no será tan fácil si hay más víctimas corporativas

Avión de Thomas Cook en el aeropuerto de Mánchester.
Avión de Thomas Cook en el aeropuerto de Mánchester.

Thomas Cook ha doblado su sombrilla por última vez. Dado el modelo de negocio casi antediluviano del venerable operador turístico británico, la negativa del Gobierno del Reino Unido a proporcionar un salvavidas de 150 millones de libras (170 millones de euros) de última hora no era difícil. Los contribuyentes pagarán la cuenta por repatriar a 150.000 británicos quemados por el sol. Invocar el “riesgo moral” no será tan fácil si un Brexit caótico provoca otras víctimas corporativas.

Los historiadores sociales lamentarán la desaparición de la compañía de viajes más antigua del mundo, fundada por un carpintero baptista en el norte de Inglaterra en 1841; sus contrapartes corporativas no lo harán. Con más de 500 puntos de venta en las calles principales, Thomas Cook demostró una asombrosa incapacidad para adaptarse a los cambiantes hábitos de los viajes. El crecimiento de las aerolíneas de bajo coste y de disruptores como Airbnb, combinado con la debilidad de la libra esterlina y el inusualmente caluroso verano de 2018, acabó con la compañía, que había sufrido una experiencia cercana a la muerte en 2011.

El primer ministro, Boris Johnson, no ha tenido más remedio que dejar que la empresa se hundiera, a pesar de que el Gobierno está ahora en apuros para devolver a casa a los veraneantes. Repatriar a 80.000 británicos después del colapso de la aerolínea Monarch en 2017 les costó a los contribuyentes 50 millones de libras esterlinas (57 millones de euros). Thomas Cook ha dejado varados el doble de clientes británicos y el 737 MAX de Boeing ha hecho subir el coste del alquiler de aviones. El seguro no permitirá que el Gobierno recupere gran parte del gasto proyectado, 150 millones de libras.

Los propietarios de Thomas Cook, incluido el chino Fosun Tourism, su mayor accionista, se enfrentan a la extinción total. A los acreedores no les irá mucho mejor. La compañía sólo poseía 16 aviones de su flota de más de 100. Otros activos son las franjas horarias de aterrizaje, nueve hoteles mediterráneos y la marca Thomas Cook, que presumiblemente vale menos que hace una semana. Es difícil ver que cubran mucho más de una cuarta parte de los siniestros estimados entre 1.500 millones y 1.700 millones de libras (entre 1.700 y 1.900 millones de euros).

El plan de repatriación del Gobierno del Reino Unido es más o menos del mismo tamaño que la solicitud de rescate que rechazó Johnson. Negarse a rescatar a la empresa en favor de pagar ahora los gastos permite al Gobierno mantener la línea dura que adoptó con otros problemas recientes como British Steel y Sirius Minerals. Pero si Johnson sigue adelante con su amenaza de sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea sin un acuerdo para finales de octubre, otras víctimas corporativas llamarán a la puerta.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías