Walmart se inclina hacia el lado correcto del debate sobre las armas

El minorista ha dejado de vender armas de asalto y ahora tampoco vende munición. Las medidas de más calado dependen del gobierno

Clientes frente a una tienda de Walmart en San Leandro, California.
Clientes frente a una tienda de Walmart en San Leandro, California. AFP

Walmart está haciendo menos de lo que podría en la batalla por acabar con la violencia de las armas de fuego, pero más de lo que tiene que hacer. El operador del supermercado dijo el pasado martes que pedirá a los clientes que dejen de portar armas abiertamente en sus tiendas y que suspendan la venta de ciertos tipos de municiones. También instó a los políticos a reforzar la verificación de antecedentes. Nada de esto resulta revolucionario. Pero es importante que el mayor minorista de Estados Unidos haya escogido un lado de la balanza.

Walmart ya había tomado medidas para asegurarse de que los tiroteos masivos no lleven sus huellas dactilares. Descartó las ventas de armas de asalto en 2015, y solo vendió pistolas en Alaska, algo que también se detendrá ahora. La compañía había establecido una edad mínima de 21 años para la compra de armas, y había exigido a los clientes que se sometiesen a una revisión de antecedentes en lugar de no suspender las pruebas de control de armas, lo que constituye un matiz significativo. Con ambas medidas, la compañía hace más de lo que la ley federal exige.

Es cierto que otras empresas han hecho más o que lo han hecho antes. Starbucks y Levi’s, por ejemplo, solicitaron hace años que los clientes no llevaran armas a sus tiendas abiertamente. Costco, una tienda minorista similar a un almacén, pide educadamente a los clientes que dejen sus armas afuera. Dick’s Sporting Goods está considerando la posibilidad de retirar las armas de fuego de sus tiendas, algo que Walmart ha descartado a la luz de su herencia de servir —y ser dirigido por— propietarios de armas.

Poner fin a la violencia armada no es, en realidad, trabajo de Walmart ni de ningún minorista. Esta competencia recae en el Congreso estadounidense. El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, comentó el pasado martes que está esperando instrucciones de la Casa Blanca sobre cambios en la ley de armas de fuego, y que introducirá legislación en la cámara alta del país solo si el presidente la apoya. Una llamada del mayor empleador de EE. UU. —con ingresos anuales equivalentes al 9% de todas las ventas minoristas de EE. UU.— para que las cosas se muevan podría tener algún impacto en el presidente Donald Trump.

La preferencia por los clientes que dejan las armas en casa no detendrá los tiroteos masivos, y los que quieren munición la encontrarán en otro lugar. Pero cuando un icono estadounidense pide un cambio legislativo, es una señal clara de que se está produciendo un cambio mayor.

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