El PIB alemán cae, la economía de la UE se enfría y los mercados tiemblan

Solo si la política y la economía actúan juntas y eficazmente se evitará que los nubarrones se conviertan en tormenta

El débil crecimiento económico de la UE se ha agudizado. El crecimiento de solo dos décimas del segundo trimestre, frente al 0,5% del primero, confirma y convierte en más preocupante un enfriamiento que ayer hizo temblar a los mercados. Tras 25 trimestres consecutivos al alza en la zona euro y en la UE, las grandes economías europeas muestran síntomas nítidos de agotamiento mientras se extiende la inestabilidad y el temor a la recesión. Italia permanece estancada, Francia avanza solo dos décimas, y España mejora un 0,5%, pero menos de lo esperado. A la vez, el PIB británico cae dos décimas mientras su salida abrupta de la UE, con un Brexit a lo Boris Johnson, parece más cercana que nunca.

Pero es la primera economía europea la que pone mayor preocupación sobre el tapete. El PIB alemán acusa el impacto de la oleada de noticias negativas que acosan a su potente maquinaria exportadora, con la guerra comercial entre EE UU y China, sus grandes clientes, a la cabeza. Su producto retrocedió una décima en el segundo trimestre y abre así la puerta a la recesión tras una década dorada de crecimiento prácticamente ininterrumpido.

Esa ralentización de la demanda exterior, un verdadero saco de arena en los engranajes de la locomotora europea, sumada al cada vez más cercano Brexit duro y a la citada guerra comercial, que impacta directamente en sus ventas industriales, está asfixiando a la mayor economía de la UE, con lo que eso representa para todo el club. Con un mercado interior saturado y la confianza de los consumidores a la baja, si Alemania no exporta ni con el euro débil, se encamina a una recesión segura, incluso a pesar de su boyante mercado de trabajo –la menor tasa de paro desde la reunificación– y de la política de incentivos del BCE.

Alemania cuenta, a priori, con amplio margen de maniobra por su endeudamiento mucho menor que el del resto de socios, y con un sector industrial poderoso y flexible capaz de reaccionar eficazmente y evitar en parte el previsible negativo efecto arrastre. Es lo deseable. Y muy especialmente para España, una economía fuertemente endeudada y que debe ver con preocupación el frenazo económico de sus grandes clientes, además de añadir como extra la incertidumbre que les llega a sus empresas desde Argentina. Solo si la política y la economía actúan juntas y eficazmente, tanto a nivel nacional como continental, se evitará que esos nubarrones que ya están encima se conviertan en una peligrosa tormenta.

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