¿Y si el BCE acaba comprando acciones dentro de su plan de estímulos?

Afronta dificultades técnicas y políticas para reactivar el QE. Está al límite de

no poder comprar más bonos alemanes según el diseño actual

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El BCE ha vuelto a poner sobre la mesa todas las opciones con las que apurar hasta el límite las herramientas de política monetaria para impulsar el alza de precios en la zona euro. En un radical cambio de rumbo desencadenado por la ofensiva proteccionista de Estados Unidos –y en el que también subyace de forma encubierta la presión por mantener un euro relativamente débil, y por tanto competitivo, cuando la Reserva Federal ha vuelto a bajar los tipos–, el BCE reconoce que estudia una rebaja de la facilidad de depósito –el interés con que penaliza el exceso de liquidez de los bancos–; un sistema para suavizar el impacto de los tipos negativos en el negocio de las entidades financieras y una posible reanudación de las compras de deuda.

Los inversores no han dudado en volver a apretar el botón de las compras ante la expectativa cierta de que, antes de su marcha, Mario Draghi anuncie un nuevo quantitative easing, el programa con el que el BCE ha adquirido activos por 2,6 billones de euros entre marzo de 2015 y diciembre de 2018, de los que dos tercios han sido bonos soberanos.

Pero esa nueva oleada compradora presenta serias dificultades técnicas, que harán difícil su puesta en marcha en los términos conocidos hasta ahora y que abre la hipótesis de que el BCE llegue incluso a incorporar nuevas clases de activos en su balance, con mayor perfil de riesgo. Como advierten desde Barclays, esas expectativas del mercado “son de naturaleza genérica” y no se han parado a tener en cuenta los dilemas técnicos y políticos que plantea la puesta en marcha de un nuevo programa de compras a estas alturas.

El BCE no ha dado pistas de cómo sería un nuevo QE pero afronta dos importantes restricciones según el diseño actual: no es posible comprar más del 33% de la deuda de un emisor o una emisión en el caso de los bonos soberanos y es necesario respetar el principio por el que esas compras se ajustan al peso de cada país del euro en el capital del BCE, el conocido como capital key.

Alemania, la clave

De entrada, el principal escollo para la ampliación de las compras de deuda soberana es Alemania, no solo por la postura tradicionalmente dura del Bundesbank hacia las medidas extraordinarias de política monetaria, sino porque el BCE ya está muy cerca de alcanzar ese límite del 33% en el caso de la deuda pública germana, con el agravante de que el peso de Berlín en el capital de la zona euro es el mayor de todos, del 27%. “Si un nuevo programa de compras ha de ser lo bastante grande como para incidir de una forma significativa y sostenible en la inflación de la zona euro, puede que deba extenderse más allá de los activos previos”, señalan desde Bank of America, donde apuntan a la opción de la compra de deuda bancaria.

La banca ofrece un universo de compra de bonos al BCE por 460.000 millones de euros, alrededor de la quinta parte del mercado de deuda corporativa. Esta opción sortea las dificultades de restricción en la oferta que presenta la deuda soberana pero, por el contrario, plantea los riesgos de beneficiar de forma desproporcionada a los bancos más débiles y el riesgo moral de volver a bendecir con ayudas a un sector que ya disfrutó de fuertes inyecciones de dinero público durante la crisis. Según apuntan en Barclays, la vía de las inyecciones de liquidez a bajo coste, como las líneas TLTRO ya previstas, es una fórmula más simple.

Compras de Bolsa

En una economía bajo el riesgo de parecerse a la japonesa –con bajas expectativas de inflación tras intensos estímulos monetarios y un imparable envejecimiento de la población–, ¿sería posible que el BCE acabara comprando renta variable, como ya hizo el Banco de Japón? Los expertos creen que es una opción, aunque remota. “Parece algo improbable. Sería interferir más en el mercado y en Japón los resultados han sido mediocres”, afirma David F. Lafferty, responsable de estrategias de mercado de Natixis IM, que añade que “siendo todo lo temerario que se puede ser en política monetaria, al menos el BCE estaría comprando el último activo relativamente barato del planeta, la Bolsa europea”.

Para Andrew Bosomworth, gestor de carteras de Pimco, “la probabilidad de que el BCE compre Bolsa en un futuro próximo es bastante baja”, tesis que también maneja Barclays. El banco británico da más opciones a que el BCE pueda superar la actual limitación del 33% en la deuda soberana y ampliar ese umbral al 50% de una emisión o emisor. “Abandonar el principio del capital key sería probablemente más controvertido”, añade Barclays.

La entidad da más posibilidades a ampliar el límite del 33% al 50%, a pesar de que superar ese 33% incluiría al BCE dentro de la minoría de bloqueo en un proceso de reestructuración de deuda en las emisiones con cláusulas de acción colectiva. Barclays alude al precedente que ya existe con la compra de emisiones de deuda de entidades supranacionales, como el BEI, que se elevó al 50% en abril de 2016.

El salto del 33% al 50% daría una potencia compradora al BCE en deuda soberana de casi 1,5 billones de euros, según calcula Barclays. Otra opción que cita es extender el plazo de los activos que adquiere, ahora en un máximo de 31 años. Aun así, calcula que un nuevo QE tendrá un tamaño mensual reducido, de 20.000 a 30.000 millones de euros al mes, y una composición equilibrada entre deuda soberana, corporativa y cédulas.

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