Empleo: remover los obstáculos coyunturales y estructurales

Persiste la resistencia a la movilidad funcional y geográfica

En las dos últimas semanas han salido a la luz datos sobre el comportamiento de la actividad económica y su reflejo en el mercado de trabajo que revelan un significativo agotamiento del ciclo. Pese a la revisión al alza del crecimiento de la economía en España para este año realizado por el Fondo Monetario Internacional, replicado por instituciones de análisis españolas, la Contabilidad Nacional ha aflorado un comportamiento más moderado en los tres meses de la primavera que en el primer trimestre del ejercicio. Y sucesivamente la Encuesta de Población Activa, la propia Contabilidad Nacional y por último el registro de cotizantes de la Seguridad Social han alertado de un crecimiento también más moderado en la ocupación, pese a mantener en los tres casos avances interanuales simulares a los del propio producto, en el entorno del 2,3%-2.5%.

España ha logrado en los últimos cinco o seis años devolver la tasa de desempleo desde el dramático 27% que rozó en los momentos más duros de la crisis hasta el 14%, por debajo ya de la media histórica (17%), una cota, que no obstante, sigue alejada, como históricamente lo ha estado, de la media de las economías europeas, y que exige esfuerzos adicionales para someterla hasta valores más soportables por una sociedad industrial y de servicios. Además de los obstáculos coyunturales a la generación de empleo, cuales son las contracciones de la demanda en los periodos recesivos o la parálisis de la inversión por elevados coste de financiación como en las décadas previas a la integración de España en el euro, existen otros estructurales y muy particulares que impiden acercarse a España al pleno empleo. Todos ellos deben ser removidos, y en tal sentido deben caminar cuantas modificaciones se hagan en el mercado de trabajo, así como en el de recomponer la calidad deteriorada en este ciclo de recuperación en el que tanto la relación contractual como la retribución han perdido enteros. Las nuevas fórmulas de empleo, explotadas de manera creciente por unas plataformas que desregulan contratación y apuran al límite el coste, deben ser convenientemente reguladas.

Además, la resistencia a la movilidad funcional y geográfica persiste desde que se han logrado niveles menos dramáticos de desempleo, sea por las bajas remuneraciones, falta de formación o elevados precios de la vivienda, así como la excesiva protección de instituciones como la familia. Todas estas cuestiones deben ser analizadas conjuntamente antes de tomar decisiones acerca de la normativa laboral, pues no están en ella todas las soluciones que un mercado de trabajo tan complejo como el español necesita.

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