Un equipo para Europa que no ilusiona

El método de designación, a puerta cerrada, al igual que los nombres elegidos no entusiasman, pero pueden sorprender

Christine Lagarde, futura presidenta del BCE.
Christine Lagarde, futura presidenta del BCE.

Ya que estamos en julio, en época de fichajes, vamos a usar el símil futbolístico para analizar el nuevo equipo que acaban de elegir los jefes de Estado y de Gobierno que componen el Consejo Europeo, y que en este caso se podrían considerar la junta directiva de una entidad llamada: Unión Europea.

Lo primero que hay que decir es que los líderes europeos rechazaron el proceso de elección más directo, basado en los votos de los aficionados del club (el proceso de Spitzenkandidaten), y decidieron los nuevos fichajes a puerta cerrada y tras tres días de negociación en secreto y varias semanas previas de consultas bilaterales. Esto de la democracia de abajo-arriba no les ha convencido y han vuelto al método tradicional.

Una pena porque los aficionados habían votado a Weber, un jugador sólido aunque muy problemático, pero también a Timmermans, que es de lo mejor que hay en el mercado, y descartarlo es una tragedia. Sobre todo, porque su candidatura fue dinamitada por los miembros más siniestros y reaccionarios de la junta (los cuatro de Visegrado y el italiano díscolo).

Así pues, el delantero, o en este caso la delantera (el fútbol femenino está en alza y la final del mundial es el domingo), propuesta es Úrsula von der Leyen. Una jugadora que nadie tenía en las quinielas, y que viene con muchos problemas en su antiguo club. Ha metido muy pocos goles (el Ministerio de Defensa que dirige está peor que cuando entró) y se le ha abierto un expediente por irse demasiado de copas (es decir, por contratar a consultores externos y gastar más de la cuenta en veleros).

Después está el puesto de medio centro del equipo. Quizás el más importante. La candidata aquí es la francesa Christine Lagarde. Viene de un grande, el Fondo Monetario Internacional, y tiene credenciales. Puede ser una muy buena capitana para el equipo, comunica bien y tiene carisma. Pero el problema es que de fútbol, lo que se dice de fútbol (o sea de teoría y política monetaria) sabe muy poco. ¿Sabrá imponerse en su propio vestuario y frente a los rivales?

Y qué decir del portero: Charles Michel, un belga (igual que Courtois) que viene de una temporada terrible. Primero se metió en un equipo lleno de hooligans independentistas flamencos y después le metieron tantos goles (en las elecciones de mayo sacó un muy mal resultado) que su continuidad estaba en la cuerda floja. Michel todavía es joven y tiene talento, pero se teme que el puesto de presidente del Consejo Europeo le quede algo grande. Le pueden meter muchos goles.

Finalmente, tenemos a nuestro Josep Borrell. Un superclase. Consagrado y respetado. De lo mejor del fútbol moderno, aunque es verdad que los años pesan. Lo extraordinario es que la junta directiva en vez de ficharlo como central (encargado del pilar principal del equipo, que es el euro y los asuntos económicos) lo quiere de lateral. Para arriba y para abajo, recorriéndose el mundo entero. Borrell es un Ramos. Su puesto debería estar en Bruselas donde se cuecen las cosas (y hasta puede que metiese algún gol), pero no en un avión entre Peking, Brasilia, Pretoria y Washington.

En definitivas cuentas, que el equipo no ilusiona (ni en Alemania están contentos con el nombramiento de Von der Leyen), y el entrenador (que en este caso es el Parlamento Europeo) está estupefacto. En estos momentos medita entre bajar las orejas y aceptar lo que viene de la junta o hacer un Camacho y abandonar el barco antes incluso de que empiece la temporada. Si lo hace nadie se lo recriminaría. Le habían prometido un equipo renovado y vigoroso y se ha encontrado más o menos lo de siempre, y con el voto de los aficionados en el cubo de la basura.

Sin embargo, puede que la temporada no acabe siendo un desastre. Está claro que todos los nuevos fichajes propuestos sienten los colores. Los cuatro (dos mujeres en puestos clave y dos hombres) son auténticos europeístas y pueden sorprender. Había mejores candidatos sobre el papel, seguro. Pero la Unión Europea es un club complicado lleno de intereses cruzados y no es fácil tomar decisiones que contenten a todo el mundo.

Si al final se quedan estos fichajes habrá que ofrecerles el beneficio de la duda. Quizás al final nos sorprendan, empiecen a jugar bien y le planten cara a los chinos, rusos y americanos. Eso sí, por ahora, sus nombres no levantan mucha pasión y si al final se fichan habrá muy poca gente en sus presentaciones. Solo los aficionados más fieles.

Miguel Otero Iglesias es Investigador principal del Real Instituto Elcano

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