Una política monetaria para el enfriamiento que viene

El mandato de Lagarde apunta a una más que probable y oportuna continuidad

La llegada de Christine Lagarde a la presidencia del BCE ha sido recibida con alivio por unos mercados que temían un giro de la política monetaria europea hacia la ortodoxia más severa –Jens Weidmann, responsable del Bundesbank, era un fuerte candidato al puesto– y se han econtrado finalmente con una más que probable y reconfortante línea de continuidad. La directora gerente del FMI, que se pondrá al frente del BCE en noviembre, es una de las dos mujeres que ocuparán las principales plazas de las instituciones europeas –la otra es Ursula Von der Leyen, ministra de Defensa alemana, que presidirá la Comisión– como fruto de unas negociaciones de reparto de poder que se han saldado, una vez más, a la medida del poderoso eje franco alemán y por encima de las alianzas de partido. A modo de premio de consolación para las filas socialdemócratas y el resto de jugadores comunitarios, hay que destacar el nombramiento de Josep Borrell como jefe de la diplomacia europea y del del italiano David Sassoli al frente del Parlamento, así como del liberal Charles Michel, hasta ahora primer ministro de Bélgica, que presidirá el Consejo.

La figura de Christine Lagarde, que contribuye a avanzar hacia el equilibrio de sexos en los sillones de poder de la UE, une un perfil académico atípico para el puesto –su formación es jurídica, no económica– con una larga y probada experiencia política y de gestión como ministra de Finanzas en el Gobierno de Nicolás Sarkozy, primero, y al frente del Fondo Monetario Internacional, después, un cargo que le ha permitido profundizar en el funcionamiento de las finanzas y los mercados globales. En cualquier caso, como presidenta el BCE, Lagarde estará asesorada directamente por los otros cinco miembros del comité ejecutivo del banco, como parte del consejo de gobierno que integra a los 19 gobernadores de los bancos centrales, así como por el potente equipo técnico de la institución.

La labor de la nueva presidenta no será fácil en un entorno monetario que se dirige hacia tipos negativos y más medidas de estímulo como forma de lidiar con las preocupantes y aceleradas perspectivas de desaceleración económica que sobrevuelan Europa. Con el precedente de Draghi, del que se recordará la firmeza con que dirigió a la eurozona a través del campo de minas de la crisis de deuda soberana y la amenaza de resquebrajamiento del euro, Christine Lagarde afronta el reto de mantener el rumbo de una política monetaria acomodaticia que proporcione a la eurozona el respaldo y el calor suficiente como para afrontar el enfriamiento que viene.

Normas
Entra en El País para participar