Las que abrieron el camino

Han hecho historia ocupando puestos directivos reservados a los hombres y demostrando que la diversidad también mejora los resultados empresariales

Magdalena Salarich, directora general de Citroën Hispania en 2000.
Magdalena Salarich, directora general de Citroën Hispania en 2000.

Las empresas impulsan cada vez más medidas para promocionar el avance de la mujer en puestos directivos. Pero no siempre ha sido así. En España tenemos numerosos ejemplos de pioneras cuya presencia en puestos reservados exclusivamente a los hombres era una auténtica rareza hasta hace muy poco. Su empeño y buen hacer han abierto el camino a las nuevas generaciones y han contribuido a que la correlación entre las compañías con un número significativo de mujeres en sus equipos directivos y la obtención de mejores resultados económicos sea hoy una realidad incuestionable.

Petra Mateos, natural de La Solana (Ciudad Real), es una de ellas. Nombrada presidenta del operador español de satélites Hispasat a finales de 2004, durante su mandato, que concluyó en 2012 tras su dimisión, la compañía se situó en la octava posición mundial en el ranking de operadores de satélites, con un crecimiento extraordinario de sus magnitudes económico-financieras. Todo un récord para una pionera en el mundo de la dirección empresarial con una dilatada carrera profesional: antes de presidir Hispasat, ocupó la presidencia de Telecom Castilla-La Mancha; fue subdirectora del Servicio de Estudios de la Bolsa de Madrid; directora general del gabinete de Miguel Boyer, en el Gobierno de Felipe González; directora general adjunta del Banco Exterior de España... Fue distinguida en 2009 como Mujer Directiva del Año por la Federación Española de Mujeres Directivas.

Décadas antes, en 1971, Carmela Arias y Díaz de Rábago, condesa de Fenosa (A Coruña 1920-2009), fue la primera mujer en España que accedió a la cúspide de una entidad bancaria. En 1966 se casó con el banquero Pedro Barrié de la Maza, fallecido en 1971. Fue entonces cuando ocupó la presidencia de Banco Pastor, de la Fundación Pedro Barrié de la Maza y de Gas Madrid, así como la vicepresidencia de Fenosa. Su labor se encaminó a perpetuar el legado de su marido en sus dos vertientes: la empresarial y la de mecenazgo. La condesa aportó en vida al patrimonio de la fundación la práctica totalidad de su fortuna personal.

Otra mujer sobresaliente en el mundo de la alta dirección es Magdalena Salarich (Madrid, 1957), nombrada directora general de Citroën Hispania en 2000. Fue la primera persona española en la historia de Citroën que ocupó un puesto de máxima responsabilidad. Su trayect­oria comenzó con 22 años en la fábrica de Vigo. Los directivos pronto se fijaron en aquella joven llena de ideas y la llamaron para realizar unas prácticas en la central de Citroën en París. A partir de ahí, inició una carrera meteórica a caballo entre Madrid y la capital gala. La labor profesional de Magdalena Salarich ha sido reconocida con numerosos premios, incluida la Legión de Honor en agradecimiento a la aportación de la directiva española a la industria gala.

Banco Pastor, IBM, Hispasat, Citroën, Zara o Divina Pastora, las primeras bajo mando femenino

La primera presidenta de IBM para España y Portugal consiguió casi todo en su carrera antes de cumplir los 40 años. Amparo Moraleda (Madrid, 1964) accedió al cargo en 2001, tras una larga trayectoria en la multinacional norteamericana que comenzó en 1988. En 2000 fue nombrada vicepresidenta mundial de operaciones de servicios de integración tecnológica, con base en Nueva York, donde trabajó mano a mano con Louis V. Gerstner, presidente mundial de IBM. Desde ese puesto, Moraleda participó en la toma de decisiones estratégicas de la compañía. Quizá entonces vislumbró que la empresa le tenía reservadas metas más altas, porque todos los que ocuparon el cargo de adjunto a la presidencia habían tenido una trayectoria ascendente. Como así fue. Dejó IBM en 2008 para convertirse en directora del área internacional de Iberdrola, puesto que ocupó hasta 2012. En 2009 llegó a estar en el top 10 del índice Merco. En la actualidad es consejera de varias compañías.

Rosalía Mera (A Coruña, 1944-2013) tenía un patrimonio de 4.600 millones de euros cuando un ictus acabó con su vida en el verano de 2013. Dejó la escuela a los 11 años para trabajar como costurera en la tienda La Maja, donde conoció al que fue su marido durante más de veinte años, Amancio Ortega, y desde donde inició su exitosa carrera empresarial. Abrieron la primera tienda de Zara en su ciudad en 1975, germen del gran emporio comercial Inditex. Lo demás es la historia de un éxito empresarial sin precedentes en España y en el mundo. El año 1986 supuso un punto de inflexión en su vida. Se divorció, inició los estudios de Magisterio y creó la Fundación Paideia Galiza, a la que se dedicó intensamente. Esta organización sin ánimo de lucro, con sede en A Coruña, favorece la integración social de los discapacitados y, con el tiempo, fue ampliando su actuación. Pero, el compromiso social de Mera no se redujo a su fundación. Por ejemplo, alzó su voz contra la catástrofe del Prestige o declaró su apoyo al movimiento del 15-M.

La defensora de las empleadas de hogar

Una mujer excepcional, combativa y de fuerte carácter fue Manuela Blanca Álvarez, que en los años cincuenta del siglo pasado, cuando trabajaba al servicio de una familia valenciana, decidió organizarse con otras empleadas de hogar para defender sus derechos. Fue la primera mutualista de Divina Pastora, compañía fundada en 1957. Su promotor, el padre Salvador de Rafelbuñol (Valencia), se dedicó a asegurar una protección económica para personas que carecían de derechos sociales en plena dictadura franquista. Los productos de Divina Pastora tuvieron un gran arraigo entre las empleadas domésticas. Tanto es así, que cuando se creó en la Seguridad Social un régimen para este colectivo se utilizó como referente las pólizas comercializadas por Manuela Blanca y sus compañeras. Hoy, Divina Pastora gestiona un patrimonio de 1.620 millones de euros y cuenta con 450.000 asegurados, de los que más de 50.000 son empleadas domésticas. Manuela Blanca Álvarez, fallecida en 2014 a los 85 años, dejó una profunda huella en la aseguradora valenciana.

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