Los contables pueden cambiar el mundo

El sector crece hoy a dos dígitos y genera un negocio equivalente al 60% del PIB español

Los contables pueden cambiar el mundo

Hace 35 años tuve que decidir mi futuro profesional. Por aquel entonces, ya estaba altamente inclinado a dedicarme a la profesión contable, los llamados accountants en los países anglosajones. Me motivó esta profesión al saber de contables ilustres, siendo el primero de ellos Lucca Pacioli, un matemático franciscano que en 1494 publicó un tratado en donde nació la “partida doble”, un invento universal que cambió el mundo de la contabilidad, y que puede equipararse a lo que en otros campos ha sido la penicilina, el teléfono o el transistor. De hecho, este franciscano es considerado el padre de la contabilidad y nos dejó una célebre frase: “No te vayas a dormir hasta que tus débitos y tus créditos sean iguales”. Es decir, la esencia de la partida doble.

También ha habido gran cantidad de accountants que fundaron pequeñas compañías en los siglos XIX y XX y que después se han convertido en firmas de auditoría internacionales de tamaño considerable. Entre todos ellos, quiero destacar a un inglés llamado William Welch Deloitte, que en 1845 fundó un pequeño despacho en Londres y que si hoy levantara la cabeza no creería lo que su firma, Deloitte, ha llegado a ser en la actualidad. Estas grandes firmas son altamente necesarias para asesorar a los empresarios y directivos de las empresas y también al sector público. Según un estudio del Fondo Monetario Internacional, el sector público posee activos por el doble de valor que el sector privado. De ello se denota una falta de información a la vez que una gestión poco orientada a la obtención del máximo valor añadido en beneficio de la sociedad.

También ha habido mujeres como Olivia Kirtley, que fue nombrada por la NACD como una de las mejores profesionales en gobierno corporativo en los EE UU. Fue una gran defensora de la transparencia corporativa, y participó intensamente en la reconstrucción de la confianza pública en la información financiera después de Enron y WorldCom. Fue elegida presidenta de la IFAC en 2014, y en la actualidad sigue promoviendo las buenas prácticas profesionales de transparencia corporativa.

Existe, por otro lado, un gran grupo de contables que, en lugar de dedicarse a la prestación de servicios, se han dedicado al mundo de los negocios dejando importantes huellas en el mundo. Uno de los célebres fue JP Morgan, quien, siguiendo la estela de su padre, se orientó a las finanzas y después a la compraventa de empresas para su posterior reestructuración. Pero lo más importante fue que contribuyó al rescate de la banca estadounidense en 1890 y a paliar el pánico financiero de EEUU en 1906. Murió en 1907 en Roma mientras dormía plácidamente, y en su honor Wall Street se paralizó ese día hasta el mediodía.

Cabe también mencionar a John D. Rockefeller, un emprendedor con gran pasión por los números y la contabilidad, que a los 16 años fue CPA y trabajó en una firma de contables llamada Hewit & Tutti. Llegó a crear la compañía petrolera más grande de EE UU, la Standard Oil Company, y revolucionó la industria del petróleo centrándose en el refino y la distribución como palancas de valor en detrimento de la extracción, que es lo que entonces se consideraba esencial. Por último, entre estos grandes contables y hombres de negocio, cabe destacar a Phil Knight, que estudió la carrera de administración de empresas en Oregón y que siendo un hábil comercial y periodista fundó la empresa Nike, que gestionó como primer ejecutivo durante muchos años. Todos estos grandes hombres han aportado gran valor a la sociedad y han cambiado la vida de las personas y por consiguiente el mundo.

En otros planos, podemos reseñar otros contables que también nos han aportado mucho, como Frank J, Wilson, un funcionario del tesoro americano que revisó más de dos millones de apuntes contables de la contabilidad de Al Capone y le llevó finalmente a la cárcel. Mr. Wilson es considerado como uno de los precursores de la investigación forense, que hoy es una extendida disciplina profesional de gran utilidad para la lucha contra el fraude y las malas prácticas. No quiero dejar de nombrar a Yitzhak Stern, un contable que durante la Segunda Guerra Mundial junto a su amigo Oskar Schindler, salvaron la vida a gran número de judíos y, todo ello, llevando unas listas de pseudo especialistas en procesos fabriles que presuntamente favorecían a la producción alemana.

En la actualidad somos más de nueve millones de contables en el mundo, crecemos anualmente a niveles de dos dígitos y generamos un volumen de actividad de alrededor del 60% del PIB español. Las firmas de auditoría por si solas emplean a más de un millón cuatrocientas mil personas y facturan alrededor de 200.000 millones de dólares al año. Viendo únicamente estas cifras constatamos la importancia de la profesión contable en el mundo, pero lo verdaderamente importante es la contribución que hace este colectivo al mundo. Recientemente leí un artículo que decía que un contable ayudó intensamente a un empresario a mejorar su negocio y tras ello, mejoró su vida, la vida de su familia, la de sus empleados y la de todos los colectivos que estaban relacionados con esa empresa. Estas pequeñas aportaciones multiplicadas por los nueve millones de contables que somos en el mundo, genera un incremento de valor de gran magnitud a la economía, que aporta mejoras en el entorno de los negocios y que van introduciendo cambios en el mundo para hacerlo mejor y más sostenible.

Después de más de treinta años de profesión, he podido constatar lo mucho que hacemos y lo importante que es tener contables en la sociedad. Podemos cambiar el mundo y debemos hacerlo, porque en verdad queremos y estamos implicados en ello.

Carlos Puig de Travy es presidente del Registro de Economistas Auditores del Consejo General de Economistas

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