Una regulación europea para los nuevos trabajos

En España el tratamiento laboral de los trabajadores de las plataformas digitales se basa en sentencias e inspecciones

Este mes de abril, el Parlamento Europeo ha aprobado la directiva sobre condiciones laborales transparentes y previsibles. Esta norma deberá transponerse a todos los países, incluido España, y busca mejorar el intercambio de información, la seguridad y protección de millones trabajadores europeos que a día de hoy operan en nuevas formas de empleo.

Aunque se haya anunciado en diversos artículos que es una directiva que se dirige a las relaciones de las plataformas bajo demanda con sus colaboradores, la realidad es que su propósito es abordar la mejora de las relaciones de los trabajadores por cuenta ajena con determinadas horas de jornada o sin tiempo garantizado, excluyéndose aquellas relaciones por cuenta propia –autónomos– sin exclusividad y con libertad en determinar el tiempo de trabajo por el prestador del servicio. Modelo en el que se basa la actividad de Glovo, compañía que decidí impulsar junto con Óscar Pierre en 2015 y que hemos exportado ya a 22 países.

Considero importante realizar esta precisión porque responde perfectamente al tipo de conversación que tenemos en España, la del binomio laboral o autónomo como criterio para considerar si alguien está protegido o no. Sin embargo, más allá del recipiente y ámbito de aplicación, esta directiva anuncia soluciones innovadoras que entre todos podemos hacer nuestras para configurar una modernización de nuestra legislación laboral. La norma incorpora elementos para regular nuevas formas de trabajo que; en algunos casos, ya funcionan en Glovo, otros que se corresponden con el tipo de propuestas que se están promoviendo por nuestro sector, por expertos en relaciones laborales y asociaciones de autónomos y pymes; y, finalmente, otras medidas que podemos someter a discusión con los interlocutores sociales y agentes públicos en vez de pretender resolverlas a través de juicios e inspecciones.

Ahondando en dichas soluciones y por especificar dónde estamos nosotros me gustaría indicar que, por ejemplo, nuestros mensajeros determinan con días de antelación cuando quieren proveer servicios en la plataforma, algo que pueden cancelar no solo con anterioridad, sino cuando tienen conectada la App, sin que ello implique una penalización. Gracias al modelo de trabajador autónomo económicamente independiente, si la plataforma resuelve unilateral e injustificadamente la colaboración, el mensajero tiene derecho a una indemnización. También estos subscriben un contrato –que va más allá de la aceptación de términos– y acceden previamente a información sobre la prestación de su servicio y precio.

Aunque pueda parecer anecdótico, es positivo que dos eurodiputados de nuestro país hayan sido protagonistas en redactar esta norma, algo que podría servir para extraer el conocimiento generado al elaborarla. Su aprobación es una muy buena oportunidad para orientarnos hacia un diálogo público privado avanzado que, superando el binomio laboral y autónomos, proteja a cada ciudadano de acuerdo a su realidad y necesidades, manteniendo –como apunta la propia directiva– una flexibilidad razonable del empleo no convencional.

Mi sector, a día de hoy, centra gran parte de un debate político y social sobre el futuro del trabajo que, en el fondo, trasciende de nuestra actividad. Tras las elecciones, es hora de hablar y que busquemos soluciones para ámbitos tan dispares como el emprendimiento, servicios del hogar, becarios, investigadores o trabajadores del sector público sin rango funcionarial, también para las plataformas digitales.

Salvo propuestas concretas de algunos Grupos Parlamentarios en el Congreso para mi sector, como apuntaba antes, en España hasta la fecha la respuesta pública se está moviendo en el debate judicial y en actuaciones de la inspección laboral. Con sentencias contradictorias y un total caos administrativo para los mensajeros que usan las plataformas. La situación de nuestro país es del todo atípica en comparación con otros países como Francia, Italia, Reino Unido o Chile, donde el tema también es de plena actualidad. La diferencia es que allí tenemos diálogo y búsqueda de soluciones, que tratan de responder a la variedad de realidades que se encuentran en las plataformas, las que van de personas que buscan ingresos unos meses, aquellas que complementan rentas con otro trabajo y clientes, y las que están en un momento de transición profesional. A todos ellos creo que podemos seguir aportándoles valor en vez de calificarlos como precarios.

 Sacha Michaud es cofundador de Glovo

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