Euroelecciones: ¿riesgo para la integración europea?

Está por ver que los euroescépticos puedan crear un grupo único y coherente, pues difieren en enfoque

Las elecciones al Parlamento Europeo comienzan el 23 de mayo y finalizan el 26 de ese mes, según cada Estado miembro. Los asientos se asignan en función del tamaño de población y los representantes son elegidos por cinco años. Se organizan en grupos según líneas ideológicas aproximadas. Se necesitan 25 diputados para un grupo, con al menos una cuarta parte miembros de la UE. Actualmente hay 8.

Predecir su próxima composición es difícil. La participación en las elecciones europeas ha sido históricamente baja y en descenso las últimas cuatro décadas, hasta el 43%. Además, muchos partidos nacionales se han negado a señalar con qué grupo parlamentario se sentarán. Según las encuestas, que excluyen Reino Unido, el grupo de socialistas y demócratas de centro-izquierda y el popular europeo de centro-derecha probablemente pierdan su actual control conjunto, aunque se espera que sigan formando el grupo mayor.

Los que más aumentarán pueden ser la Alianza de demócratas y liberales por Europa, moderados en torno al partido de Macron y los euroescépticos de derecha de la Europa de las Naciones y la Libertad, que incluye la italiana Liga y la Agrupación Nacional de Francia. Aunque la Liga puede cuadruplicar escaños, es posible que los euroescépticos de izquierdas y derechas en conjunto sumen el 30% y el control permanezca en manos de proeuropeos.

Un aumento de euroescépticos puede perjudicar el funcionamiento del Parlamento, crear tensiones e influir en el nombramiento de comisarios. Pero está por ver que puedan crear un grupo único y coherente, pues difieren en enfoque, agenda e ideología. Por otra parte la participación del Reino Unido tendrá impacto, pero probablemente no sea tan desestabilizador como muchos podrían temer.

El caso es que los eurodiputados, por el Tratado de Lisboa, pueden aprobar o rechazar el candidato a presidente de la Comisión Europea preferido de los Gobiernos nacionales para sustituir a Jean-Claude Juncker. El alemán Manfred Weber ha sido seleccionado por el conservador Partido Popular Europeo. Pero el consenso puede ser más difícil con un Parlamento Europeo más fragmentado, donde la “gran coalición” tradicional pierde la mayoría. Además, si un alemán o francés es elegido presidente de la Comisión es improbable que un alemán o francés sea presidente del BCE para reemplazar a Draghi, cuyo mandato finaliza el 31 de octubre.

Por otra parte, el Parlamento Europeo no puede presentar propuestas legislativas o desencadenar decisiones. Así que no podría, por ejemplo, cambiar el marco fiscal incluso si hubiera una significativa presencia de euroescépticos. Sin embargo, por mayoría puede solicitar de la Comisión el derecho a presentar una propuesta sobre algún asunto que considere importante para la aplicación de tratados de la UE.

Nadia Gharbi es economista de Pictet WM

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