Agua como derecho y para cambiar el mundo

Lo que para los españoles es un recurso que se supone y no se valora como merece, para otros es un bien tan escaso que llega a ser un arma mortal.

Cada español gasta a diario una media de 132 litros de agua, según la encuesta sobre el suministro y saneamiento del agua del INE.

En beber empleamos una media de 1,5 litros, otro litro y medio se nos va cada vez que nos lavamos las manos o los dientes, 10 litros desaparecen cada vez que pulsamos la cisterna del baño, para ducharnos utilizamos entre 35 y 70 litros, la lavadora se lleva entre 60 y 100 litros, y entre 18 y 50 el lavavajillas (ojo, si fregamos a mano podemos gastar hasta 100 litros de agua)...

Estas cifras recogen solo el gasto de agua de uso doméstico, que según la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento representa menos del 1% del presupuesto familiar; muy por debajo del 3% que la ONU fija como límite asequible del derecho humano al agua.

Esto es posible porque vivimos en un lugar privilegiado, a pesar de que ya empezamos a notar los efectos del cambio climático y la sequía nos hace mirar los embalses y pantanos con preocupación. Sin embargo, lo que para nosotros es un recurso que se supone y no valoramos como merece, para otros es un bien tan escaso que llega a ser un arma mortal.

El World Water Council estima que la falta de agua provoca la muerte de 3,5 millones de personas cada año en países como Kenia, India o Etiopía. Se calcula que unos 4.500 niños mueren cada día en el mundo por enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada, un saneamiento deficiente o malas prácticas de higiene. Este año, el lema de Naciones Unidas para el Día Mundial del Agua, que se celebra cada 22 de marzo, es No dejar a nadie atrás. Porque, aunque el agua es un derecho humano, actualmente 1 de cada 10 habitantes del planeta no tiene acceso a agua potable, lo que provoca pobreza y marginación y genera más mortalidad que la peor de las guerras, siempre con una incidencia mayor en los grupos de personas más desfavorecidas.

Y por eso decidimos crear una empresa social y dedicar todos nuestros dividendos a llevar agua potable y saneamiento a comunidades que carecen de ella. Con cada litro de agua mineral que vendemos generamos cuatro litros de agua potable en comunidades en vías de desarrollo.

Construir un pozo en India cuesta poco más de 1.500 euros y beneficia a unas 800 personas. Un tanque de recogida de agua de lluvia instalado en Kenia tiene un precio que ronda los 1.800 euros y beneficia a más de 500 personas. Para nuestra sociedad son cantidades menores. Para ellos, la diferencia entre vivir o morir.

 Luis de Sande es cofundador y director financiero de Auara

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