Ton Mata: “No somos díscolos, queremos lo mejor para el cava”

Forma parte de la tercera generación de una de las bodegas más prestigiosas del Penedés, una de las firmas que ha abandonado el Consejo Regulador del Cava

Ton Mata, consejero delegado de Recaredo y presidente de Corpinnat.
Ton Mata, consejero delegado de Recaredo y presidente de Corpinnat.

Es uno de los presidentes de Corpinnat, una marca colectiva avalada por la Unión Europea que nace con la voluntad de distinguir los grandes vinos espumosos elaborados en el corazón del Penedés, y de la que forman parte bodegas como Llopart, Nadal, Torelló, Júlia Bernet, Mas Candi, Sabaté i Coca, Can Feixes, Recaredo, de la que es consejero delegado, y Gramona, cuyo vicepresidente, Xavier Gramona, también está al frente de este proyecto. Todos han abandonado el Consejo Regulador del Cava. De todo ello habla Ton Mata (San Sadurní de Noya, 1970), que defiende el terruño que de joven aborrecía, cuando le tocaba recoger en verano melocotones, y que le hizo inclinarse por los estudios de Ingeniería Técnica Aeronáutica. Posteriormente hizo un máster en Dirección de Empresas en la Universidad Politécnica y en Eada. Más tarde, estudió Enología, y en 2010 asumió la dirección de Recaredo.

¿Cuál es el objetivo de Corpinnat?

Ordenar los vinos espumosos del Penedés, construir una marca de prestigio, realzar el cava, porque nunca se había hecho una diferenciación por elaboración, como se hace en Champagne. Aquí, la mayoría no elabora en sus instalaciones y eso no se explicaba al mercado. Había una necesidad de zonificar dentro de la denominación de origen del cava, creada en 1986. Habían pasado más de 30 años y no había habido una propuesta para diferenciar las distintas maneras de hacer el cava. Nuestra propuesta es sólida y avalada por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (UEIPO).

¿Qué les une a los bodegueros que han abandonado esta denominación de origen?

Los mismos valores, en cuanto al territorio, en cuanto a criterios sociales e históricos, porque nuestro nombre hace referencia al corazón del Penedés. Todos vinificamos en la propiedad, no compramos vinos base a otros. Es un valor que nos une, además de que las crianzas mínimas son de 18 meses. El cien por cien de las botellas tiene una crianza mínima de este tiempo, porque los grandes espumosos son de grandes crianzas. Hay otro valor que es la ecología, todas las bodegas tienen certificado ecológico de sus viñedos. Además, utilizamos variedades autóctonas en un 90%, como la xarel-lo, macabeo, parellada, subirat parent, de la que hay poca plantada, garnacha, monastrell y sumoll. El 10% es de otras variedades.

Hay quien opina que son unos díscolos.

Creo que no somos díscolos, queremos lo mejor para el cava, estábamos cansados de tanto inmovilismo, de la desconexión entre el territorio y el vino. Hemos intentado, desde hace un año, cuando nace esta marca colectiva, negociar con el Consejo Regulador y hablar de nuestras inquietudes, pero mucho no les habrá gustado porque no ha hecho nada. No ha habido evolución, y lo que queremos es hacer territorio, prestigiar la zona. No queremos que se pierda la esencia del terroir y no criticamos al que no vinifica, no estamos diciendo si algo es mejor o peor, lo que queremos es diferenciar. Es difícil explicar que un vino valga 1,55 euros y otro 50 o 100 euros. Si sale al mercado con el mismo paraguas habrá que explicarlo.

¿El mercado lo ha entendido?

Es pronto. Lo ha entendido bien el mundo profesional del vino, los sumilleres, los importadores, los restauradores, lo entienden aquellos que tienen que vender nuestro vino en Estados Unidos. En las empresas pequeñas es más difícil cambiar una inercia, pero nuestra propuesta es honesta, ética y a favor de valorizar el trabajo del agricultor. Defendemos unos determinados precios y una manera de hacer las cosas. El sector está en plena ebullición, innovando, y eso se está viendo también en la venta de bodegas de larga tradición familiar. Están pasando muchas cosas y la industria tiene que moverse. Yo soy optimista, hace 150 años que elaboramos espumosos con una base de conocimiento de variedades autóctonas, hay clima, hay suelo, y de todo esto debe nacer algo sólido. En el futuro vamos a generar algo mejor.

La situación política de Cataluña generó un boicot a los productos catalanes, ¿cómo lo ha sufrido la industria del cava?

No lo hemos notado, se ha sobredimensionado. El consumo de cava fuera de Cataluña ha crecido, de hecho, somos empresas exportadoras. En Recaredo empezamos a trabajar con restaurantes en Madrid, en Andalucía… El consumidor pone por delante la calidad y el prestigio. El boicot fue algo puntual y corto en el tiempo.

Antes mencionaba la venta de empresas familiares del cava a grandes grupos o fondos [Codorníu se vendió a Carlyle, Freixenet a Henkell, Juvé & Camps a un fondo holandés] ¿es positivo que se produzcan este tipo de movimientos?

Es algo lógico, el abuelo lo crea, los padres lo continúan y los nietos lo destrozan. En Champagne hay casos de bodegas, como Moët Chandon, Veuve Clicquot o Krug, que fueron empresas familiares. Cuanto más maduro es un sector más pasa. Es un hecho lógico, es difícil pasar de la tercera generación. A mí, por ejemplo, que Codorníu, que es la más antigua, deje de ser familiar me entristece, pero la buena noticia es que la empresa continúa y va a generar empleo.

Usted pertenece a la tercera generación, ¿es la más crítica?

Es la más difícil, pero a la vez debemos ser respetuosos. Una empresa familiar es como una pareja, se puede separar en cualquier momento. Es una incertidumbre que está ahí. Yo llevo 25 años, y después de este tiempo estamos contentos de seguir el camino de Recaredo, de haber apostado más por el trabajo en viña que en bodega. La familia es importante, pero somos más una empresa de equipo. Nos gusta cuestionar las cosas, tener inquietud y buscar la excelencia.

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