El activismo de La Haya podría bajar a tierra el despegue de Air France KLM

Países Bajos compra un 12,7% de la aerolínea para contrarrestar el 14,29% de Francia y ganar poder ante el recorte de costes del grupo

Ben Smith, CEO de Air France-KLM, y Anne Rigail, CEO de Air France.
Ben Smith, CEO de Air France-KLM, y Anne Rigail, CEO de Air France.

La aerolínea Air France KLM no tiene uno, sino dos activistas gubernamentales. Países Bajos ha adquirido una participación del 12,7% en la compañía, con la esperanza de contrarrestar la participación del 14,29% de París y garantizar que la aerolínea francesa se lleve la peor parte de un plan de eficiencia interna anunciado el pasado día 20 para compensar la subida del precio del petróleo. También debilita al nuevo consejero delegado, Ben Smith, y puede provocar otra ola de huelgas paralizantes.

La impactante acumulación de una participación de 680 millones de euros en la aerolínea de mano del ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, es una llamada de atención para Smith, cuyo neutral pasaporte canadiense estaba destinado a facilitarle el equilibrio entre los intereses holandeses y franceses en la incómoda unión.

El directivo, de 49 años de edad, negoció recientemente un aumento de sueldo para los pilotos franceses, poniendo fin a meses de protestas laborales, y anunció planes para integrar las divisiones de Air France y KLM. Pero La Haya, preocupada por los puestos de trabajo del aeropuerto de Schiphol, amenaza con bloquear cualquier reducción de costes.

Es fácil ver por qué están frustrados los holandeses. Ya sea debido a la influencia del Elíseo o a la ineficiencia francesa, los empleados de Air France parecen tener un recorrido más fácil que sus compañeros. En 2015, cada una de las dos aerolíneas aportó aproximadamente la mitad de los 810 millones de euros de beneficio operativo del grupo. En 2018, ese reparto había cambiado al 80% a favor de KLM, a pesar de que tiene menos de dos tercios de la plantilla.

Sin embargo, la decisión holandesa es una mala noticia para los accionistas de Air France KLM, entre los que también se encuentran Delta Air Lines y China Eastern Airlines. Con dos Gobiernos en vez de uno golpeando la puerta de la cabina de Smith, cualquier cambio de rumbo será más difícil.

El margen ebit del 5% de Air France KLM en 2018 parece terrestre frente al 13,3% de su rival de Londres IAG. No es de extrañar que las acciones de la aerolínea bajaran un 11,74% ayer.

Cerrar la brecha con IAG implicará una dolorosa reducción de flotas y rutas. Los 52.000 empleados de Air France parecen especialmente vulnerables. Sin embargo, si Países Bajos se resiste a los recortes en Schiphol, es probable que el Gobierno francés, que está luchando por contener un levantamiento de los llamados chalecos amarillos, se defienda.

El mayor riesgo es que se deshaga la precaria tregua con los sindicatos franceses y se reanuden las huelgas, que le costaron al grupo la mitad de su valor de mercado en los primeros seis meses del año pasado. El trabajo de Smith se parece ahora más a una actuación diplomática en la cuerda floja que a dirigir una aerolínea.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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