Inversión

Invertir con perspectiva y serenidad, clave para invertir en bolsa

Nadie que tenga experiencia invirtiendo desconoce el amargo sabor de una gran derrota

Invertir con perspectiva y serenidad, clave para invertir en bolsa

Los inversores se encuentran más desconcertados que nunca. La fuerte recuperación de las bolsas desde comienzos de año, ha pillado con el pie cambiado a mucha gente que, asustada en los meses de noviembre y diciembre por la violencia del recorte de bursátil, se ha deshecho de sus inversiones en una desesperada búsqueda de refugio y protección para su dinero. Ahora, probablemente, se lamentarán de haberse desprendido de sus acciones en el peor momento.

Desafortunadamente, la historia nos ha enseñado ya demasiadas veces que cuando las bolsas caen con fuerza, el pánico y el temor a sufrir mayores pérdidas se imponen a la razón impidiendo a muchos inversores actuar con lógica, desperdiciando así las oportunidades y resignándose a asumir pérdidas ante la posibilidad de un resultado aún peor.

 

Aunque el miedo es libre y es perfectamente comprensible que muchos inversores se protejan ante el temor a sufrir un descalabro (¡¡quién no ha sentido alguna vez esta sensación!!), el inversor inteligente está obligado a realizar un análisis lo más racional posible de las circunstancias que le llevan a cometer errores y a la vista de ellas, sacar enseñanzas que le permitan mejorar el resultado en el futuro ante una situación similar.

Se da la paradoja de que muchos analistas habían planteado 2018 como un ejercicio “fácil” en el plano económico, lo que parecía que iba a impulsar un buen resultado en las bolsas: la economía global crecía en aquel momento de forma sincronizada y apenas un par de países con muy poca relevancia se encontraban en recesión, Estados Unidos iba a impulsar el beneficio de sus empresas como antes nunca se había conocido debido a una extraordinaria (e innecesaria, podríamos decir) bajada de impuestos. Tipos bajos, indicadores adelantados al alza y una economía a velocidad de crucero después de un 2017 de reducidas volatilidades transmitían la dosis suficiente de confianza que todo inversor necesita para depositar su dinero en acciones con las mejores garantías. Nada más lejos de la realidad.

La incertidumbre, sin embargo, no tardó en hacer acto de presencia. A medida que la política exterior de Donald Trump comenzó a recrudecerse, comenzó a tomar forma “su” guerra comercial contra el resto del mundo, pero enfocada muy especialmente contra China. Las subidas de tipos y su lógico impulso al dólar, un esperpéntico Brexit que no termina siquiera aún de concretarse, y la pérdida de dinamismo de la economía en medio de un contexto de endeudamiento al alza terminaron de hacer el resto, tumbando en noviembre y diciembre a las bolsas.

Las valoraciones de comienzos de 2018 cuadraban con un escenario económico al alza, pero ya no cuadran con un mundo en desaceleración. Esa falta de sincronía fue la que provocó la reacción de los mercados de finales de año.

 

Sin embargo, las correcciones en bolsa significan precios más bajos y, por tanto, un mayor atractivo cuando magníficas compañías también se ven arrastradas por el conjunto del mercado en medio del pánico vendedor.

Cuando esto ocurre, los inversores más racionales aprovechan para revisar sus expectativas y reformulan la estimación de lo que creen que se puede esperar de los negocios a medio y largo plazo en un escenario normalizado. Haciendo ese ejercicio, muchas compañías en este comienzo de año cotizaban (y muchas todavía cotizan) a múltiplos realmente baratos, con rentabilidades por dividendo muy suculentas y con buenas posibilidades de seguir creciendo.

Aunque el “ruido” del mercado pinta muy negro, un análisis más racional de la situación nos permite ser mucho más optimistas.

 

Los mercados no responden a reglas fijas, ni hay recetas mágicas para anticiparse a los acontecimientos, pero lo que sí sabemos es que, a menudo, los inversores y los mercados reaccionan de la misma forma ante circunstancias similares, y muchas veces en contra de lo que dicta la lógica. Sorprenderá a muchos, por tanto, ver como las bolsas suben a pesar de las encuestas y los datos negativos, en lo que parece ser el preludio de un nuevo impulso que podría tomar la economía global.

¿A qué se debe esta inesperada reacción de las bolsas? Pensemos, por qué no, en que los bancos centrales van a pausar de forma transitoria la normalización monetaria y en que la guerra comercial podría dejar paso a una nueva etapa de acuerdos (Trump ya fue capaz de llegar a acuerdos teóricamente muy difíciles con México y Canadá). Esto dibujaría un mejor escenario y permite atisbar mejores previsiones para las empresas. El sentimiento en bolsa tiende a girar súbitamente en dirección contraria.

Ni antes el mundo se iba a acabar, ni ahora estamos ante el mejor futuro posible. Aunque resulte complejo, debemos revisar nuestras expectativas y enfrentarlas a las valoraciones actuales del mercado para resituarnos. Lo que sí es cierto, es que las compañías ya no están tan baratas como en diciembre de 2018, ni tan caras como en mayo de 2017. Las condiciones volverán a cambiar y deberemos estar muy atentos.

Nadie que tenga experiencia invirtiendo desconoce el amargo sabor de una gran derrota. Ninguno tenemos la bola de cristal y aunque muchos no lo crean incluso los analistas e inversores profesionales tenemos limitaciones. Por esta razón, resulta fundamental respetar las reglas básicas para invertir en bolsa, que pueden encontrarse en cualquier manual de iniciación a bolsa. Una de ellas es hacerlo siempre con la vista puesta en el largo plazo, de forma metódica, prudente, racional, actuando con perspectiva y serenidad, aprovechando lo que hemos aprendido de la experiencia, por dolorosa o gratificante que ésta haya sido.

 

 

Alejandro Varela | Gestor de fondos de Renta 4 Gestora

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