Disciplina de costes frente a la desaceleración en la eurozona

Las cifras de producción industrial del año pasado arrojan el peor registro de los últimos cinco años

Las previsiones de invierno de Bruselas sobre la economía de la eurozona confirman los malos augurios sobre la creciente desaceleración de la economía europea. Los cálculos de la Comisión Europea rebajan seis décimas el crecimiento previsto para 2019, un frenazo al que contribuye sustancialmente una economía alemana que crecerá siete décimas menos de lo esperado y una italiana que se halla en recesión técnica. Las previsiones empeoran también para Francia y Reino Unido, esta última en un escenario ajeno ya al club del euro, como también lo hacen para España, pese a que el recorte es solo de una décima respecto a lo previsto anteriormente.

Las razones que explican este ensombrecido panorama son bien conocidas y llevan ya tiempo sobrevolando los cielos de la economía mundial. Por un lado, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, cuyas implicaciones salpican también a sus socios, entre ellos, Europa. Las idas y venidas del Brexit tiran también a la baja en las previsiones, aunque es difícil cifrar hasta qué punto afectarán a la actividad cuando ni siquiera los británicos saben todavía qué modalidad de salida –suave o a las bravas– van a adoptar y cuando la factura final depende en gran medida del modelo. También ha pesado en los cálculos de Bruselas la elevada carga de deuda soberana que se halla en manos del sector financiero, un riesgo que vuelve a lastrar las expectativas de crecimiento.

Aunque las previsiones sobre España son sustancialmente más benévolas que las de Alemania o Italia y nos siguen situando a la cabeza de Europa en ritmo de crecimiento, los efectos de una desaceleración de esta magnitud en la zona euro pueden dañar considerablemente la evolución de la economía española. Las cifras sobre producción industrial del año pasado, que arrojan el peor registro de los últimos cinco años por el efecto de la ralentización de la economía europea, evidencian hasta qué punto no es posible mantener compartimentos estancos en Europa. La única receta efectiva para minimizar ese impacto es que España continúe vigilando estrechamente los costes en la industria y los servicios con el fin de mantener la competitividad y no perder cuota de mercado en las exportaciones frente a otros países, como también avanzar en el proceso de liberalización y de reforma estructual de nuestra economía.

 

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