Venezuela enseña a China una cruda lección de diplomacia

La apuesta de Pekín por el régimen sin escrúpulos de Caracas ha apoyado un Gobierno que ayudó a elevar los precios del petróleo

Nicolás Maduro y Xi Jinping, presidentes venezolano y chino, respectivamente, en Pekín en 2015.
Nicolás Maduro y Xi Jinping, presidentes venezolano y chino, respectivamente, en Pekín en 2015.

Venezuela está enseñando a China una lección sobre diplomacia en la que se pierde de distintas maneras. Pekín ha invertido miles de millones en el país, que alberga las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo, lo que convierte a Caracas en uno de los principales destinatarios de su generosidad.

Ahora, esa apuesta está atrapada en la agitación política y las sanciones de Estados Unidos contra la empresa petrolera estatal venezolana Petróleos de Venezuela (PVDSA). Peor aún, los préstamos chinos han sostenido un régimen que está atacando los mismos intereses a los que se suponía que debía servir.

Atraída por el petróleo, China apoyó con todas sus fuerzas el régimen venezolano, entonces dirigido por el fallecido Hugo Chávez. Ahora se ha quedado respaldando al Gobierno del presidente, Nicolás Maduro, en su enfrentamiento con el líder de la oposición, Juan Guaidó, autoproclamado presidente legítimo del país.

Hay mucho en juego: Pekín ha concedido más de 50.000 millones de dólares (44.000 millones de euros) a Venezuela en la última década. Ha sido, con diferencia, la apuesta más fuerte de Pekín en América Latina y una de las más grandes del mundo, representando poco más de la mitad de los préstamos del banco central del país a la región entre 2007 y 2014, según el investigador David Dollar, del think tank Brookings Institution.

La relación comenzó a declinar hacia 2015, cuando la caída de los precios del petróleo arrastró a Venezuela a una desastrosa espiral descendente. Los altos cargos de Caracas solicitaron un cambio en los términos de pago; China los suavizó, pero el flujo de dinero nuevo se secó.

Ahora parece que la apuesta podría fracasar por completo. Pero no es solo el dinero perdido. En última instancia, la mala apuesta de Pekín por un régimen sin escrúpulos ha apoyado a un Gobierno que hundió la producción de petróleo y ayudó a elevar los precios mundiales en el proceso, perjudicando los propios intereses de Pekín.

También se suma a una creciente lista de inversiones chinas en el extranjero que de repente parecen menos inteligentes. Solo en el último año, los cambios de Gobierno en Malasia, Pakistán y otros países han impulsado investigaciones sobre transacciones anteriores o presionado para que haya más transparencia. Es fácil imaginar algo similar aquí también, tarde o temprano.

Pekín ha hecho negocios con Gobiernos desagradables, desde el de Venezuela hasta el de Angola, a lo largo de los años, para saciar su apetito por las materias primas. Altos cargos occidentales, entre otros, han criticado a menudo su supuesta falta de atención a preocupaciones más delicadas como la prevención de los sobornos y la corrupción.

Sin embargo, como demuestran Venezuela y Malasia, a largo plazo, las prácticas más limpias pueden ser un seguro inteligente contra las sorpresas desagradables.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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