Deutsche Bank, en la encrucijada

Su debilidad le hace pasto de las quinielas de fusión, después de haber perdido en Bolsa casi el 90% desde el inicio de la crisis

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Atrás quedaron las épocas en las que Deutsche Bank, el banco alemán más importante, era sinónimo de eficiencia y solvencia. Hace más de 10 años, después del fuerte golpe que tuvo por la crisis, el banco pasó a ser noticia casi siempre por sus apuros de capital y por sus prácticas poco honestas, que le han valido cuantiosas multas en Estados Unidos y Europa.

Justamente la divulgación de estas malas noticias, como el haber manipulado entre 2005 y 2009 el tipo de interés de referencia para las hipotecas, es una de las razones fundamentales de la volatilidad de la entidad, según un reciente informe de Credit Suisse.

Las acciones de Deutsche Bank están en mínimos históricos en el entorno de los 7 euros y después de haber perdido durante 2018 el 56% de su valor. Es el peor balance bursátil de la banca europea y ese descenso supone que los títulos de Deutsche Bank se han depreciado casi el 90% desde finales de 2007, en los albores de la crisis. Solo un 6,1% de los analistas, según recoge Bloomberg, recomienda comprar acciones del Deutsche Bank. El 42,4% aconseja mantener y el restante 51,5% sugiere vender.

Ante un mal 2018, en el que sus resultados entre enero y septiembre –el banco todavía no ha publicado los datos del último trimestre del año– han sido peores que en 2017, los rumores de fusión comenzaron a tomar cada vez más impulso. La prensa económica alemana ha publicado recientemente que el consejo de administración de Deutsche Bank ha evaluado la posibilidad de una fusión con el banco suizo UBS y con el Commerzbank, segundo banco más grande de Alemania.

Además del propio banco suizo, Deutsche Bank también lo desmiente, a pesar de que declaraciones de funcionarios alemanes apunten a que los ejecutivos del banco al menos lo han considerado. No en vano, una fusión sería la vía con la que dar una alternativa a los desafíos de eficiencia y capital del banco, aunque plantee la dura dificultad de entregar el mayor banco del país al de otra nación.

En ese sentido, las palabras del ministro de Finanzas alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, no han sido inocentes. Scholz ha dicho que Alemania necesita bancos fuertes que vayan de la mano con sus políticas económicas. El Estado alemán es dueño del 15% de las acciones de Commerzbank, que, al igual que Deutsche, también se encuentra en una incómoda situación financiera. Aunque hasta ahora el Gobierno germano ha descartado intervenir de manera directa, ve con mejores ojos una fusión con Commerzbank.

Credit Suisse, por su parte, no pronostica una fusión en el corto plazo. La entidad suiza sostiene que Deutsche Bank tiene una gran confianza en su balance y que pretende solucionar los problemas legales que afronta con la mejora de su rentabilidad.

Pero los números no le sonríen al gran banco alemán. Según los últimos resultados, los ingresos se han reducido un 8,87% en el tercer trimestre de 2018 comparado con el mismo trimestre del año anterior; el beneficio neto ha bajado un 64,71%; y el ratio de eficiencia ha subido del 86% al 90%.

El ratio de eficiencia del Deutsche Bank, muy alto, del 90% al cierre del tercer trimestre, muestra de que los costes se comen casi la totalidad de los ingresos por la actividad bancaria de la entidad. El ratio contrasta con el 46,9% de Banco Santander en el tercer trimestre de 2018 o el 49,6% de BBVA.

El futuro de Deutsche Bank es incierto, pero no catastrófico, al menos desde el punto de vista de los analistas, que también destacan las tareas de saneamiento y recapitalización de la entidad. A pesar de tener un alto ratio de eficiencia y haber disminuido ingresos y beneficios netos, el banco no tiene las cuentas en rojo y sigue obteniendo ganancias. Pero es un banco con costes enormes. Así, Deutsche Bank ha puesto en marcha una política de reducción de gasto que ha implicado miles de despidos en distintas oficinas que posee en todo el mundo. Pero la profundización de esa política implicaría que el banco deje de lado su ambición histórica para convertirse en un banco de menor trascendencia a nivel mundial, según advierten los expertos.

El banco deberá decidir, por tanto, cuál será su apuesta de futuro: achicarse para mejorar sus cuentas, continuar con su estructura para no perder terreno en el mundo de las finanzas o arriesgarse a una considerable reestructuración a través de una fusión con otra entidad.

Cambios en el consejo de administración

Una muestra de las turbulencias que el banco ha atravesado en los últimos años es el cambio de consejero delegado: Deutsche Bank ha tenido cuatro desde 2012, igual número que tuvo en los 27 años anteriores, entre 1985 y 2012. La entidad alemana, incluso, innovó con un doble liderazgo, es decir con dos consejeros delegados, entre 2012 y abril de 2018, cuando Christian Sewing fue nombrado único consejero delegado, lugar en el que permanece hasta hoy.

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