Trump puede conseguir lo que quiera de Arabia Saudí en 2019

Se estima que el año que viene la producción de crudo de EE UU se elevará a 12 millones de barriles por día, frente a los 9,4 millones de 2017

Donald Trump estrecha la mano del príncipe saudí Mohammed Bin Salmán.
Donald Trump estrecha la mano del príncipe saudí Mohammed Bin Salmán. REUTERS

Incluso para sus propios estándares, Donald Trump se ha comportado de forma contradictoria con el petróleo. El presidente de EE UU ha pasado gran parte de 2018 reprendiendo a la Organización de Países Exportadores de Petróleo por mantener altos los precios del crudo y abastecer el mercado de manera insuficiente. Al mismo tiempo, exacerbó el problema al restablecer las sanciones a las exportación de Irán. El reciente recorte por parte de la OPEP y de otros productores, entre ellos Rusia, es una molestia, pero unos precios relativamente bajos siguen pareciendo alcanzables.

Según las proyecciones actuales, la reducción de 1,2 millones de barriles por día elimina gran parte del exceso de oferta potencial motivado por el enorme bombeo de Arabia Saudí, Rusia y EE UU. Combinando las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía sobre la demanda de petróleo en 2019 y su estimación para el suministro de países no miembros de la OPEP, el bloque petrolero solo necesita surtir 31,6 millones de barriles por día (bdp) para equilibrar el mercado, (1,4 millones menos que la producción de noviembre).

Dado que Trump tiene en la diana los 3 millones de bpd de producción de Irán, la reducción por parte de la OPEP y compañía es poco útil. En el peor de los casos, la combinación podría dejar la oferta demasiado ajustada, empujando los precios al alza de nuevo.

Sin embargo, hay razones por las que el presidente puede esperar un resultado más favorable. El crecimiento de la demanda podría socavar las expectativas de la AIE (Agencia Internacional de la Energía): la consultora Wood Mackenzie estima un aumento de solo 1,1 millones de bpd en 2019, mientras que la producción de crudo de EE UU se elevaría a 12 millones de barriles, frente a los 9,4 millones de 2017. Lo más importante de todo es que Trump tiene más margen para decirle al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salmán, qué hacer.

La Casa Blanca dejó pasar en noviembre si MbS estuvo o no involucrado en el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi. El presidente de EE UU podría utilizar este favor para pedir que se ponga fin al bloqueo a Qatar, que dura ya 18 meses, o incluso a la guerra en Yemen, que según el think tank Brookings Institution le cuesta a Arabia Saudí 50.000 millones de dólares anuales.

Pero el juego de poder más obvio afecta al petróleo, donde Trump podría insistir en que Mohammed Bin Salmán se resista a futuros recortes de la OPEP. Eso haría que cualquier posible ajuste de la producción fuera temporal, y permitiría a Trump aplicar sanciones contra Teherán.

La única pega es el Congreso de EE UU, que aún podría ignorar a Trump y castigar a Mohammed Bin Salmán y a Arabia Saudí. Para mantener los precios bajos a medida que se acercan las elecciones de 2020, EE UU puede necesitar mantener el flujo de crudo iraní renovando los permisos especiales a grandes importadores como China para que sigan comprando. Eso haría que Trump pareciera incoherente, aunque no es algo que parezca molestarle.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Belén Juárez, es responsabilidad de CincoDías

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