Mauricio González-Gordon: “El vino de Jerez es el mejor del mundo”

Cree que el despegue del consumo de finos se debe a los jóvenes

En 2019 abrirá un hotel dentro de la bodega

Mauricio González-Gordon: “El vino de Jerez es el mejor del mundo”

Es uno de los grandes señores del jerez. Mauricio González-Gordon (Jerez, 1960) dirige González Byass, una de las bodegas con más solera de España, fundada en 1835, aunque, como asegura, es un grupo eminentemente marquista, con enseñas como Fino Tío Pepe o Brandy Lepanto. En las últimas décadas ha incorporado bodegas de zonas emblemáticas, como Beronia, Viñas del Vero, Cavas Vilarnau, la chilena Veramonte o la marca Pedro Domecq, además de contar con marcas como la ginebra The London Nº 1, el champán Deutz o el whisky Nomad, entre otros. Estudió Económicas, realizó un máster en California, trabajó en filiales españolas de General Motors y en AT&T, hasta que fue reclamado por su familia para modernizar la bodega.

El vino de Jerez vive ahora un momento dulce.

El mundo del vino ha cambiado, se ha globalizado y todo esto ha repercutido en los vinos de Jerez, uno de los grandes del mundo por su complejidad y versatilidad. Hay un renacer, percibimos un mayor interés por las ramas altas, por los menos conocidos hasta hace unos años, como los palos cortados, los amontillados y los finos en rama. Hay un interés por parte de los consumidores en adentrarse un poco más en este tipo de vinos.

¿Qué factores han influido en incrementar este interés?

Creo que ha tenido que ver el lanzamiento de la gama alta, es un elemento diferenciador, además de que son vinos finitos, se acaban. Otro factor es la recuperación de los vinos de Jerez, cuando antes solo se hablaba de las bodegas y no de las viñas, que es donde empieza Jerez, que fue pionera en el tema de los pagos, de la composición del terreno, en la forma de hacer vinos de añada, de pago. Nosotros empezamos en 1991 con este tema de los vinos de añadas particulares, ahora hemos recuperado el botellero de González-Byass y hay iniciativas dentro del sector.

Los grandes cocineros también se han convertido en grandes embajadores de este tipo de vinos.

El interés es definitivo por parte de los chefs, les aporta mucho en su cocina. Algunos de los mayores representantes son Pitu Roca [se refiere al sumiller y jefe de sala de El Celler de Can Roca], también Andoni Luis Aduriz, que tiene un plato como homenaje a Jerez, los Adrià, para todos sus establecimientos elaboramos vinos. También han contribuido al despegue los sherry bars en países como Estados Unidos, Holanda o Alemania, esos pequeños bares de vinos de Jerez que son buenos transmisores, y no es una categoría sencilla. En Madrid ya hay algunos de ese tipo. La mixología también está haciendo un buen trabajo incorporándolo a la coctelería.

¿Quién consume vino de Jerez?

Va cambiando, cada vez es más joven, es alguien que va introduciéndose en los grandes vinos. Vemos cada día comentarios de gente joven en las redes sociales. El enoturismo también ha contribuido a potenciar el interés por los productos auténticos de su tierra. En las visitas a bodegas, la gente disfruta de la historia, de la arquitectura o de la música. Nosotros organizamos Tío Pepe Festival, en el que han actuado desde Luz Casal a Morat o Juanes, y la gente viene a la bodega y vive un momento especial, eso ayuda a traer gente joven, a tener un público diverso.

¿Qué desafíos tienen por delante?

Hay dos rutas de trabajo. Por un lado, la formación: introducir un mayor conocimiento y tener más embajadores. Por otro, la innovación en producto, tenemos que lanzar constantemente bebidas nuevas, como Croft Twist, con cinco grados y con menta y flor de saúco. Soy muy optimista y creo que Jerez es diferente y es el mejor vino del mundo.

¿Por qué lo cree?

Por el origen, el microclima, por el suelo de albariza que es esponjoso y mantiene la humedad, por las 3.000 horas de sol, de viento de poniente y de levante, además de la levadura que viene de la uva. También lo hace diferente la crianza oxidativa, su envejecimiento que es único. Nosotros exportamos el 70% y el 30% se vende en el mercado nacional. Somos exportadores desde 1835, desde que enviamos 10 botas a Reino Unido. En la década de los setenta, suponíamos el 19% de la exportación española, fuimos pioneros. Ahora estamos en 105 países, aunque el grueso lo tenemos en Reino Unido, Holanda, Alemania, Bélgica, EE UU y Japón.

¿Qué previsión de crecimiento tienen a medio plazo?

Vamos a crecer a doble dígito en facturación neta. En 2017, la bruta fue de 260,5 millones de euros. Ahora vamos a cerrar con una facturación del 65% de fuera de España. Para nosotros siempre ha sido importante la diversificación, que iniciamos hace 35 años y se aceleró en los últimos años, ya que tenemos 150 productos y 44 marcas dentro del grupo. En 2017 adquirimos Domecq y el 70% del negocio en México. Nuestra estrategia es la internacionalización, somos conscientes de que para crecer tenemos que establecer una estructura de distribución propia. Ahora estamos muy volcados en potenciar el enoturismo, es una forma de acercar la cultura del vino a la gente. 300.000 personas visitan todas nuestras bodegas, y vamos a construir para 2019 un hotel para que se viva la experiencia del vino de manera más completa.

Siguen siendo una empresa familiar en quinta generación, ¿cómo han conseguido llegar hasta aquí?

Somos una familia con 157 accionistas, y lo importante es que se haga una estrategia que respalde una mayoría amplia del accionariado. El secreto es dialogar mucho, es importante para que haya armonía en la familia. También hay que mirar a largo plazo, tener vocación de continuidad, además de la parte afectiva de la que nuestros mayores se han ocupado.

Normas