Reino Unido solo tiene opciones difíciles con el Brexit

El proyecto de acuerdo encadenaría al país a la UE sin la influencia que tenía como miembro

Un manifestante en favor de la Unión Europea protesta a las afueras del número 10 de Downing Street en Londres (Reino Unido).
Un manifestante en favor de la Unión Europea protesta a las afueras del número 10 de Downing Street en Londres (Reino Unido).

Las cesiones de Theresa May a la UE confirman que Reino Unido solo tiene opciones difíciles con el Brexit. Tras un año de intensas negociaciones –en su mayoría con compañeros de partido–, la primera ministra consiguió el martes un proyecto de acuerdo con Bruselas que encadenaría al país al bloque sin la influencia que tenía como miembro. Los que lo rechacen tienen dos opciones: marcharse sin más en marzo o convocar otro referéndum.

Los detalles del inédito acuerdo están enterrados en cientos de páginas de lenguaje legal. Pero las grandes líneas sugieren que Gran Bretaña permanecerá en la órbita económica de la UE durante las próximas décadas. Primero entrará en un período de transición que, en la práctica, es igual a la plena adhesión. Las dos partes intentarán entonces negociar un nuevo acuerdo comercial. En ausencia de este, empero, Gran Bretaña permanecerá en un acuerdo aduanero que le obliga a aceptar las normas de Bruselas. Esto ayudaría a evitar una nueva frontera terrestre en Irlanda del Norte. Las condiciones conforme a las que Londres podría dejar el acuerdo aún no se han decidido, según fuentes de la UE.

Este compromiso es la consecuencia previsible de intentar conciliar los objetivos contradictorios de abandonar la UE y mantener un flujo comercial fluido. Los de la línea dura dicen que el acuerdo es ina­ceptable. Pero su única alternativa es irse sin acuerdo en marzo, y han preparado poco a los votantes para el sufrimiento económico que implicaría.

Sin duda, May arguirá que su trato es preferible a nada. Pero los parlamentarios proeuropeos tienen una tercera opción: someterlo a votación popular. La semana pasada, Jo Johnson dimitió como ministro de Transporte y apoyó una segunda votación.

Sería difícil revertir la decisión de 2016, en todo caso. Ninguno de los dos principales partidos apoya un segundo referéndum. Acordar qué pregunta poner en la papeleta ya sería muy polémico. La UE probablemente tendría que detener el proceso para dar tiempo a una votación. Y no hay garantía de que el referéndum produjera un resultado diferente.

Los parlamentarios británicos tienen que elegir entre tres opciones poco atractivas. La lucha se volverá aún más amarga.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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