La Bolsa de EE UU nunca había sido alcista tanto rato, y quiere más

Los estímulos económicos de la Reserva Federal y los buenos resultados de las empresas son las dos principales razones por las que la Bolsa de Estados Unidos acaba de culminar la racha alcista más prolongada de su historia. Nueve años, cinco meses y unos cuantos días sin sufrir correcciones bursátiles de más de un 20% marcan un hito que anotarán en sus agendas los amantes de las efemérides, pero que va mucho más allá de la anécdota.

Las acciones se han apreciado en este pe­riodo un 325%, desde que el 6 de marzo de 2009, en plena recesión, el S&P 500 se hundiera hasta 666 puntos. Hoy ya acaricia los 3.000. Una carrera alcista que tiene a las grandes tecnológicas y a la digitalización como principales protagonistas. Para comprobarlo basta comparar las compañías que encabezan la lista por capitalización con las de hace una década. Es un camino que va de la petrolera ExxonMobil a Apple, la responsable líder de buena parte de esta racha y que este mismo mes se ha convertido en la primera empresa de la historia en superar el billón de dólares de capitalización.

La poca consideración por obtener beneficios de las puntocom, protagonistas de la anterior racha alcista más larga y de la "exuberancia irracional de los mercados" de Alan Greenspan, así como de un sonoro batacazo a comienzos de este siglo, contrasta con los gigantescos beneficios que se registran en el sector tecnológico, parte de ellos destinados precisamente a operaciones corporativas que tiran al alza de los valores.

Esto, con un entorno macroeconómico sólido en Estados Unidos, y las buenas perspectivas de generación de beneficios, unido a una política fiscal de recorte de impuestos y otras medidas favorables a las empresas, una inflación controlada y, como resultado de todo, una tasa de paro en mínimos, forma un cóctel que anima a los analistas a asegurar que la racha alcista puede seguir.

Sin embargo, ni los más optimistas pueden ignorar las sombras que se perfilan en el horizonte. Entre ellas, el fin de la generosa política de estímulos de la Fed de la era de tipos cero, que ha abaratado de manera extraordinaria la financiación de las compañías. La Fed ya ha emprendido un camino que no será de rosas para las empresas, a pesar de las dudas del mercado y la oposición del propio Trump.

Si a esto se suman las incertidumbres en la política económica y los efectos negativos que puede suscitar sobre el crecimiento su estrategia proteccionista, salvo un inesperado éxito de las conversaciones en marcha de EE UU con China, y el propio enfriamiento de la economía del gigante asiático, el horizonte no parece ya tan despejado.

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