Turquía muestra el declive del viejo orden financiero mundial

El FMI, EE UU y la UE han perdido prestigio y autoridad

Hombres de negocios con billetes de dólar, delante de una casa de cambio en Ankara. El prtesidente turco, Tayyip Erdogan, ha pedido a sus compatriotas que venda sus dólares y euros para apoyar a la lira.
Hombres de negocios con billetes de dólar, delante de una casa de cambio en Ankara. El prtesidente turco, Tayyip Erdogan, ha pedido a sus compatriotas que venda sus dólares y euros para apoyar a la lira. REUTERS

La crisis de Turquía era fácil de predecir; lo sorprendente es lo débil que ha sido la respuesta mundial.

Mucho ha cambiado desde 2009, cuando el Gobierno del entonces primer ministro Tayipp Erdogan anunció que ya no necesitaba el asesoramiento del FMI. Esta institución tiene la experiencia y probablemente el dinero necesario para estabilizar la lira, pero Erdogan la ha convertido en enemiga del pueblo turco.

Además, las tradicionales figuras de autoridad en asuntos financieros globales están paralizadas. La reputación del FMI se ha visto afectada por lo que se percibe como lealtad ciega a las doctrinas del libre comercio. Aunque su enfoque se ha suavizado con Christine Lagarde, la intransigencia de Turquía sugiere que el FMI carece de su autoridad moral anterior.

EE UU solía ser una fuente fiable de presión sobre Gobiernos y acreedores recalcitrantes, pero ha contribuido a esta crisis imponiendo aranceles en represalia por el encarcelamiento de un estadounidense por parte de Turquía, ignorando las consecuencias sobre un socio de la OTAN. Y la UE apenas parece intentar ayudar. Aunque Erdogan no es un socio fácil, no ha recibido ninguna oferta pública de ayuda de Bruselas ni de ninguna otra capital europea.

El orden financiero del viejo mundo era profundamente imperfecto: el FMI lleva mucho tiempo esclerótico, EE UU no siempre fue un intermediario sincero y los europeos nunca estuvieron suficientemente unidos. Pero como un coche viejo, era preferible a caminar.

¿Qué viene ahora? Sin el apoyo de sus acreedores internacionales, una recesión profunda en Turquía es casi inevitable, quizás como la de Grecia. La mejor solución sería un orden financiero mundial con líderes e instituciones renovados. Eso sería buena noticia también para Pakistán o Sudáfrica, que dependen demasiado de la amabilidad de los financieros extranjeros. Lamentablemente, no hay reemplazos a la vista. China carece de la riqueza, la experiencia y el respeto mundial necesarios.

A veces una crisis puede ayudar a las mentes. Quizás las viejas potencias rearmen el viejo cacharro y encuentren un camino medio decente para Turquía. En todo caso, es muy probable que se produzcan más crisis monetarias: es lo que sucede en una economía global sin autoridad global que la guíe.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

 

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