La lección magistral de economía de Ana Botín

La presidenta de Banco Santander analiza el futuro de las empresas y del trabajo ante antiguos alumnos de Deusto

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La presidenta de Banco Santander, Ana Patricia Botín EFE

La mañana amanecía gris en Bilbao, aunque a eso del mediodía empezó a despejar. A esa hora estaba prevista una de las citas más esperadas en la facultad de Económicas de la Universidad de Deusto; donde más de 500 antiguos alumnos esperaba la llegada de la banquera más influyente en la actualidad: Ana Botín. Si hace unas semanas, la presidenta de Santander generó expectación al manifestar su descontento en Twitter con la sentencia judicial de La Manada y la semana pasada, en el marco del IV Encuentro Internacional de Universia, celebrado en Salamanca, se declaró feminista, en esta ocasión impartió una lección magistral sobre el futuro de las empresas y del trabajo en la era digital, y sobre cuál debería ser el nuevo contrato social.

Miedos y sueños.

Para muchos, la discusión sobre la revolución digital y su impacto sobre las estructuras económicas y la estabilidad de la sociedad se resume, señaló Botín, en una pregunta muy simple: “¿cómo va a vivir nuestros hijos y nietos?”. Para los optimistas tecnológicos, apuntó la directiva, la respuesta es obvia: vivirán en una sociedad parecida a la que describió Keynes en 1930, durante su conferencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Será un mundo “donde habrá clases y grupos cada vez más grandes de personas para quienes los problemas de necesidad economía han sido prácticamente eliminados”. En cambio, los pesimistas vivirán en una sociedad distópica en la que el 1% de los humanos, esto es, los dueños de los robots y de los algoritmos, acumularán el 90% de la riqueza y de las oportunidades. Ninguno de estos dos escenarios convencen a Ana Botín, ya que no obedecen a análisis racionales, porque para comprender mejor las conciencias de la transformación digital se necesita “tener una definición más precisa de las preguntas a las intentamos responde, basar nuestro razonamiento en datos y experiencias, así como desarrollar nuestra ideas utilizando un marco analítico claro y sólido”.

Y eso fue lo que ella intentó hacer ante los directivos y economistas formados en Deusto.

Futuro de trabajo.

En su opinión, la pregunta relevante es ¿cómo va a ganarse la vida la gente? “Aunque es posible que una parte de la sociedad recibirá algún ingreso básico universal, la mayoría seguirá trabajando”. Según Botín, puede que menos horas que hoy y en múltiples trabajos, con mayores discontinuidades que ahora. En cuanto a quién será el contratador, afirma que desde la revolución industrial la respuesta siempre fue, en la mayoría de los casos, una empresa. Sin embargo, ahora la realidad es otra: “para sobrevivir en el mercado es necesario contratar a los mejores, atraer clientes, entablar negociaciones y relaciones estrechas con los proveedores”. Todas estas actividades comportan costes, y todas las empresas de éxito “saben que cualquier trabajo no fundamental que se externalice permite aprovechar la inversión de otros en capital, conocimiento y experiencia”. Porque el más visible impacto de la revolución digital, asegura Botín, es la reducción de los costes de transacción, incluyendo el de acceso a clientes y mercados, por lejanos y dispersos que estén. “No hará falta masa crítica, habrá más empresas, más pequeñas, operando directamente en mercados abiertos”.

Valores y empresa.

En este capítulo, la ejecutiva hizo un poco de examen de conciencia al reconocer ante los estudiantes de Economía como durante el último milenio, el cobro de intereses sobre los préstamos fue considerado inmoral y, en consecuencia, las leyes civiles y religiosas limitaron la actividad bancaria. También resaltó que en el mismo periodo la esclavitud había sido un negocio legal y aceptado, que fue abolido a mitad del siglo XX. “Lo que forzó la abolición fue el cambio de creencias de la gente. Lo que piensa y cree la gente es decisivo”. Y son las personas las que consumen, producen e invierten y las que conforman el mercado. Por tanto, “no estar próximas a ellas es un fatal error empresarial”. Es por ello que Santander trabaja para “ser un banco responsable”, y esto implica dos retos, como son la ética y la conducta. “Tras la última crisis, las empresas, y particularmente los bancos, debemos hacer más para ganarnos y mantener la confianza de las personas, y eso quiere hacer las cosas de manera responsable”.

El nuevo contrato social.

En cuanto a la prosperidad de futuras generaciones es optimista, y todo ello pasa por mantener el crecimiento de la productividad y evitar los riesgos de catástrofe nuclear y climática, para los que se requiere competencia, diálogo y buenas políticas, además de coordinación internacional, tecnología y el compromiso de todos los agentes, incluido el sector privado. “El crecimiento debe ser inclusivo para ser sostenible. Debe llegar a todos”. Y cree que la consecuencia política, social y económica de no haber puesto este objetivo en el radar de las políticas económicas de las últimas décadas está a la vista: “populismos de derechas e izquierdas que polarizan la sociedad, y suponen una amenaza al modelo de democracia liberal y de economía de mercado”.

Privacidad.

Aprovechó la tribuna también resaltar que la gente ha comenzado a entender que el “precio de recibir servicios aparentemente gratis es la invasión de la privacidad”. Una realidad que ella como empresaria conoce bien: “No hay almuerzo gratis”.

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