Trump defiende el estatismo cuando le conviene

En el melodrama China-EE UU, la oferta y la demanda son los perdedores por ahora

Donald Trump y Xi Jinping, a punto de darse la mano, el pasado 9 de noviembre en Pekín (China).
Donald Trump y Xi Jinping, a punto de darse la mano, el pasado 9 de noviembre en Pekín (China).

A Donald Trump le gusta la economía ordenada de China cuando le conviene. Para evitar la extinción de la teleco china ZTE, el presidente de EE UU está valorando levantar la prohibición de exportar, siempre y cuando Pekín ofrezca a los ejecutivos y consejeros de ZTE como chivos expiatorios. China también podría ordenar a las empresas del país que importen más de EE UU, mientras los reguladores autorizan operaciones clave, como la oferta de Qualcomm por NXP. En este melodrama, la oferta y la demanda son los mayores perdedores hasta ahora.

Washington y Bruselas sostienen que Pekín se inmiscuye mucho en las decisiones económicas y en la fijación de precios. Por tanto, es irónico que el compromiso que se anuncia entre Trump y Xi Jinping se incline hacia que Pekín ordene a las empresas qué comprar y a quién. En lugar de, digamos, disuadir a los bancos estatales de dar préstamos baratos a las industrias locales para ayudarles a ganar guerras de precios en el extranjero, para reducir el déficit comercial bilateral de 375.000 millones de dólares, los funcionarios chinos ordenarán a las empresas locales que transfieran sus pedidos a proveedores de EE UU. En otras palabras, Washington, que fue adalid del mercado libre, está regateando con burócratas comunistas sobre lo que en la práctica son cuotas de importación.

Esto puede reflejar una falta de opciones. La prohibición de exportar iba a matar ZTE, lo que perjudicaría a los proveedores de EE UU sin compensación. Sin duda, Pekín se habría vengado de las empresas estadounidenses, o habría obstaculizado el diálogo con Corea del Norte. Además, China es responsable de sobreestimular las exportaciones de productos como el acero, por lo que se puede argüir que el Estado es el mejor colocado para revertir el desequilibrio.

Pero a largo plazo, este cambio hacia el comercio dirigido y una política ojo por ojo de aprobaciones de fusiones hará que una relación económica ya de por sí problemática sea más volátil. Los vínculos profundos son difíciles de deshacer, pero los políticos siempre pueden cancelar las compras de soja o frustrar fusiones en el último momento. Ganar más pedidos de esta o aquella partida podría satisfacer brevemente a partes de la comunidad empresarial de EE UU, a costa de no alentar a China para que se incorpore a la economía de mercado.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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