Facebook, otra oportunidad para una Barcelona abierta, flexible y globalizada

La llegada de la compañía aliviará el fracaso que supuso para la ciudad perder la Agencia Europea del Medicamento (EMA)

La decisión de Facebook de elegir Barcelona y la Torre Glòries (Torre Agbar) como sede de un centro operativo para combatir contenido nocivo de la red social contituye una revitalización para el icónico edificio, propiedad de Merlin Propierties, pero sobre todo es un importante acicate para la ciudad condal, cuya imagen como centro de negocios internacional ha sido dañada por la deriva independentista en Cataluña. La compañía fundada por Mark Zuckerberg, que ya posee un centro similar en Alemania de la mano de una empresa denominada Competence Call Center (CCC), instalará a 500 profesionales de esta misma compañía en la Torre Glòries, y desde allí combatirán no solo noticias nocivas, sino también bulos o fake news.

La llegada de Facebook a Barcelona paliará, en primer lugar, el fracaso institucional y económico que supuso para la ciudad perder en noviembre del año pasado la Agencia Europea del Medicamento (EMA), tras la decisión de la UE de elegir Amsterdam como sede del organismo. La pérdida de la EMA, que iba a instalarse también en la Torre Glòries, desató en su momento un fuego cruzado de acusaciones entre el Gobierno central y las fuerzas políticas independentistas, pero es difícil poner en duda que la deriva secesionista, en pleno auge en aquel momento, fue el gran lastre que acabó de hundir las posibilidades de la capital catalana.

Aunque desde las filas independentistas han surgido ya voces que pretenden capitalizar el desembarco de Facebook como una prueba de que la crisis que ha vivido Cataluña no ha afectado económicamente a Barcelona, la realidad se impone por la fuerza de los hechos. No solo el fracaso de la EMA, sino también la caída del turismo que sufrió la ciudad, especialmente durante el último trimestre de 2017, y la sangría de empresas que han cambiado su sede social a otras comunidades autónomas son una muestra suficientemente explícita de la factura que ha pasado a la Ciudad Condal la aventura secesionista.

El desembarco de Facebook es una excelente noticia para la Barcelona, para Cataluña y para España. Las fuerzas políticas favorables al independentismo tienen razones para alegrarse por esa decisión, como el resto de los partidos en Cataluña. Pero además de las felicitaciones, cuentan con una gran oportunidad para trabajar con responsabilidad y devolver a Barcelona el prestigio que merece como centro de negocios internacional, en una economía cada vez más globalizada, flexible y abierta.

 

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