China acepta el reto comercial de EE UU

Su represalia arancelaria puede perjudicarle, pero demuestra su intención de luchar

Zhu Guangyao, viceministro chino de Finanzas, y el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, en una cumbre del G20 en Buenos Aires, el 19 de marzo.
Zhu Guangyao, viceministro chino de Finanzas, y el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, en una cumbre del G20 en Buenos Aires, el 19 de marzo.

China ha aceptado el reto comercial de EE UU: ha propuesto aranceles sobre las exportaciones estadounidenses por valor de 50.000 millones de dólares, pocas horas después de que Washington dijera que gravaría las exportaciones chinas por la misma cantidad. Puede afectar a la economía china, pero la disposición al enfrentamiento implica que la guerra comercial de Trump no será buena ni será fácil de ganar.

No hay duda de la agresividad de la lista, que cubre categorías importantes de exportaciones de bienes estadounidenses a China, e incluye soja, maíz, algunos automóviles y aviones, entre otros. La República Popular importó alrededor de 130.000 millones de dólares en bienes de EE UU el año pasado, así que los aranceles suponen casi el 40% del total.

Es probable que el balance sea doloroso para los agricultores y fabricantes estadounidenses. También podría afectar negativamente a China. El impacto de los nuevos impuestos sobre los productos agrícolas básicos, especialmente la soja, podría reducirse si algunos de ellos se desvían a través de terceros países o se sustituyen por otros alimentos. Pero todo impuesto puede aumentar rápidamente la inflación e infligir otras formas de sufrimiento económico.

En cierto modo, puede que esa sea la cuestión. Por ahora, los aranceles son un elemento disuasorio, ya que llegan apenas unas horas después de que Trump revelara su propia propuesta, que cubre en torno a una décima parte de sus importaciones de China. La represalia, que todavía no tiene fecha de inicio, indica que Pekín está dispuesto a hacer frente golpe a golpe, incluso a costa de sí mismo. La esperanza es que la credibilidad de este tipo de amenaza pueda empujar a Washington a negociar, a suavizar su plan, o a eliminarlo.

Los políticos de Washing­ton tienen razones para quejarse de las prácticas comerciales y de inversión chinas. Sin embargo, la rápida escalada de esta semana pone de relieve lo desagradables que pueden llegar a ser las disputas comerciales. Se volverán aún más turbias si Pekín empieza a acosar a las empresas de EE UU que operan allí, como a veces ha hecho en el pasado. Trump argumenta que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, pero Pekín parece decidido a demostrar que está equivocado.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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